| 250 años han pasado desde la última guerra santa. Athena, y sus santos dorados, derrotaron las grandes fuerzas de Hades, vencieron al heredero del poder de Thor, hijo de Odin, y lograron que el imperio de Poseidón re rinda. Los tres dioses vencidos cayeron entonces en un profundo sueño, en el cual esperan hasta recuperar sus poderes. Después del gran duelo entre Pandora y Hefesto, ambos seres inmortales regresaron a sus mundos, el inframundo y el olimpo respectivamente, no sin antes jurarse eterna venganza. Polaris, mortal inmortalizada por Odin, es quien, en Asgard, mantuvo el orden siguiendo los mandatos de Grecia al pie de la letra. Cumplidos esos 250 años, que para Polaris fueron un suspiro, la suma sacerdotisa del templo de asgard se decide a despertar al dios de los cielos, guardián de la recamara celeste: Odin. Pandora, ha tocado el arma, mientras ve danzar a su alrededor las almas de aquellos que hombres y mujeres que no merecen la entrada a los campos Eliseos. El tiempo en el submundo es una eternidad, pero Pandora, acostumbrada a ello, supo ser paciente. El día llegó y el innombrable dios ha despertado. Poseidón, quien se echó atrás en la antigua guerra, dio a uno de sus fieles seguidores, Nefele de la sirena de plata, el poder de su tridente. Dicha arma se mantuvo en la familia del santo marino, hasta que una joven decidió darle utilidad. Esa joven no era una simple mortal, sino que fue la reencarnación de anfitrite, diosa de las nereidas y espíritus marinos, y esposa legitima de Poseidón, quien despertó a su amado, para cobrar venganza contra los dioses de la guerra. El santuario de Athena está listo para ello. La diosa ha enviado a su reencarnación: una niña de 9 años, de rubios cabellos y alegre carácter, quién guía a los elegidos hacia las puertas del santuario. Cada dios está seleccionando a los mortales que van a representarlos en esta guerra, y los cosmos de los caballeros, dioses guerreros, marinas y espectros están ardiendo cada vez más fuerte. Muchos inofensivos duelos ya empezaron a realizarse entre los santos, pero la guerra recién empieza. Sentado en su trono, el poderoso dios reflexiona en voz alta, frente ala inmensa soledad del templo del olimpo… “Mi viejo amigo Odin ha despertado. Mis hermanos mayores han despertado. Athena ha despertado… Una nueva guerra santa comienza, pero presiento que será mucho más sangrienta que las anteriores. Muchos santos han vestido sus armaduras y quedan aun más por ser descubiertos. Pero esto no puede salirse de control tan pronto… y no lo hará…” Así, millones de carneros, con blancas lanas y plateados cuernos repartieron por cada rincón de los santos recintos el siguiente mensaje: “A los dioses del mar, las almas, la sabiduría y los cielos místicos os desafió directamente, yo, Señor de los olímpicos cielos, Zeus, a probar a sus mortales, ahora que aspirar a ser santos. Quien demuestre tener los santos más aptos, ganará mi bendición. Durante esta primera batalla, durante la apertura de la guerra santa, el paso de las almas desde el reino mortal al mundo de los muertos estará restringido, es decir, nadie morirá. El templo que acumule más victorias será el vencedor, y como os dije antes, ganará mi bendición.” 
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