| SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA AUXILIADORA Oh María Virgen poderosa, grande e ilustre defensora de la Iglesia, singular auxilio de los cristianos, terrible como un ejército ordenado en batalla. Tú sola has triunfado en todas las herejías del mundo. Oh Madre en nuestras angustias, en nuestras luchas, en nuestros apuros, líbranos del enemigo y en la hora de la muerte, llévanos a Paraíso. Amén. 
Virgen inmaculada, alma de Dios, grial de la alegría, en mi inquietud callada, en mi tierra baldía, has cultivado mística ambrosía.
Eres la maravilla que aproxima a mi ser rumor de cielo, asomada a tu orilla acallo mi desvelo y agita mi raíz afán de vuelo.

Mi mente atormentada por trágico espinar, en agonía por mi noche cerrada al Sol del nuevo día, halló en tu amor la célica armonía.

Habita en ti la luz y coronan tu frente doce estrellas, manantial de virtud, más bella entre las bellas, me elevas a la gloria por tus huellas.

Cantó mi madrugada al Niño que en tus brazos se dormía, y a su Cruz abrazada te sentí Madre mía en la Voz que en tu carne se ofrecía.

En tu sereno asilo hay zumo de cipreses y azucenas, tu pleamar tranquilo ahoga viejas penas y alumbra la esperanza en las patenas.

Por tu fe fui salvada, tu corazón se abrió a la profecía, la semilla granada, que en tu seno latía, rasgó el velo de la sabiduría.

Criatura amantísima, está prendado el Rey de tu bondad, fuente generosísima, laurel de caridad, aboga por mi paz y libertad.

En ti voy refugiada, sigo los pasos de tu legacía, y a su mesa invitada por tu creyente fiat, gozo la Vida de la Eucaristía.

Eres arco en la nube, escala de Jacob, potentes alas, contigo mi alma sube, ornada con tus galas, hacia el vergel que amante me señalas.

Alumbras mi alborada, Virgen clemente, Reina y Madre mía, con tu abrazo amparada vivo en tu cercanía y canta mi interior: ¡Ave María!
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