| MENSAJE DE JESÚS Queridísimo Hijo/a Mío/a, sabes que Te Quiero muchísimo, desearía hablar contigo un rato, quisiera ayudarte. Ven, acurrúcate en mis brazos, siente mi calor, cierra los ojos y escucha mis palabras, guárdalas en tu corazón. Dime ¿Por qué te confundes y agitas tanto ante los problemas de la vida? Déjame el cuidado de todas tus cosas y todo te irá mejor. Cuando te abandones en mí todo se resolverá con tranquilidad según mis designios. No te desesperes; no me dirijas una oración agitada, como si quisieras exigirme el cumplimiento de tus deseos. Cierra los ojos del alama dime con calma: Jesús, en tí confío. Evita las preocupaciones y angustias y los pensamientos sobre lo que pueda suceder después. No estrepees mis planes, queriéndome imponer tus ideas. Déjame ser Dios y actuar con libertad. Abandónate confiadamente en mí y deja en mis manos tu futuro. Dime frecuentemente: Jesús, en tí confío. Lo que más daño te hace es tu razonamiento y tus propias ideas y querer resolver las cosas a tu manera. Cuando me dices: Jesús, confío en ti, no seas como el paciente que le pide al médico que lo cure, pero le sugiere el modo de hacerlo. Déjate llevar en mis brazos. No tengas miedo. Yo te amo. Si crees que las cosas empeoran o se complican a pesar de tu oración, sigue confiando. Cierra los ojos del alma y confía. Continúa diciéndome a toda hora: Jesús, confío en ti. Necesito las manos libres para poder obrar. No me ates con tus preocupaciones inútiles. El enemigo no cesa de agitarte, angustiarte, quitarte la paz. Confía sólo en mí, abandónate en mí. Así que no te preocupes y descansa tranquilamente. Dime siempre: Jesús, confío en ti. 
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