María,
una mujer llena de Dios
1 ¿Cómo nos acercamos a María?
Cuando hablamos de María, la madre de Jesús, solemos considerarla en primer lugar, como mujer, como madre y como esposa. Después, recurrimos a lo que la Iglesia nos ha transmitido de ella a lo largo de los siglos. Por último, miramos lo que dicen los teólogos con sus estudios largamente reflexionados. Algó así es lo que vamos a intentar nosotros ahora.
2 Ante todo, mujer. Un valor humano y divino
La línea de conocimiento de María, madre de Jesús, es la "humana", la que la identifica y acerca más a nosotros. Mujer sencilla, de pueblo, humilde, joven y elegida por Dios para ser madre. Los rasgos de su feminidad se ven hoy todavía mejor considerados, en una época en la que las cuotas de feminidad, la paridad en los cargos públicos o la igualdad de géneros aparece como un indiscutible logro de justicia social para con las mujeres. Es necesario y será beneficioso hacer una relectura de la figura de María en el evangelio, a partir de la situación actual de la mujer. Es necesario para ello distinguir entre la imagen popular y la evangélica de María. La imagen que prevalece en la devoción popular es fruto de una situación social establecida desde una comprensión masculina de la vida.
3 Leer de nuevo la función de María
Los valores que se vuelcan en la mujer corresponden a una visión reductiva de lo que debe ser una "buena mujer", sin excluir ningún aspecto. A lo largo de la historia hemos podido ver distintos enfoques de María: María como Señora, Reina, Dama celestial, Humilde, Madre amantísima, Intemediaria, Pura... Todos estos calificativos expresan un modo cultural de comprender, del que no es ajeno el modo de entender la función de María. Hoy, sin duda considerada por muchos sobre todo o exclusivamente por ser mujer. A secas. Sin aditivos ni conservantes de la época de los cuales luego se tenga que despojar.
La imagen que deberíamos recuperar para nuestra comprensión de María hoy, teniendo en cuenta la condición actual de la mujer, no la debe ofrecer el evangelio. María proporciona un modelo de mujer creyente, que no cambia cada época como el modelo de mujer.
4 Mujer creyente
Leer el evangelio on las claves de María creyente pone de relieve ante todo su fe. Los evangelios de Lucas y de Juan son estupendos para ello. La fe de María en la anunciación es la única actitud posible para que María pueda convivir en el misterio de su vida: la opción libre de la virginidad que, por la voluntad y poder de Dios se convierte en fuente de vida (Lc 1, 35). María en el nacimiento de Jesús considera los acontecimientos con fe, meditanto en su corazón, es decir, buscándole un sentido a los acontecimientos para discernir en lo que ocurre la voluntad de Dios (Lc 2, 19). En la pérdida de Jesús en el templo María se va dando cuenta de que aquel Hijo ya no entra en sus esquemas. Su fe la impulsa de nuevo a buscar el modo en que debe vivir su docilidad a Dios (Lc2, 51). Durante la vida pública de Jesús, María aprende el nuevo modo de ser madre, cuando éste se va alejando de los lazos familiares que lo intentan recluir en una lógica reductiva de "la carne y la sangre", mientras Jesús expone una nueva forma de parentesco fundado en la agregación a Dios por la atención dócil de su palabra.
5 Otro modo de ser madre
En el contexto de fe en Dios como determinación del parentesco y grado de intimidad con Jesús, María ocupa un lugar nuevo. Lo que ella expresaba en su Magníficat: "ha derribado a
los poderosos de sus tronos y ha levantado a los humildes" (Lc 1, 52) se puede referir también a su propia experiencia de fe, que pasa por la muerte en cruz de su hijo y llega a la resurrección.
En el evangelio de Juan, María, creyente en Jesús, como en ese "haced lo que él os diga" de las bodas de Caná (Jn 2, 5) es ofrecida a todos los creyentes como madre espiritual: "Mujer, he ahí a tu hijo" (Jn 19, 27). Ella es invitada por Jesús, moribundo, a ensanchar su horizonte de fe más allá de la persona del Hijo. Su corazón se ve invitado a abrirse al mundo entero con fe plena en las palabras de su Hijo.
6 Madre de un hombre marginal
Probablemente este título nos resulte desconcertante, pero tiene una característica muy "mariana". Está referida a otro. A su hijo, y este hijo en su condición humana. No debemos olvidar ni el origen ni el fin de este hombre: un judío marginal que pasó inadvertido por la historia oficial del judaísmo y del Impero romano. No extraña, pues, que la memoria de la madre de este hombre tenga el mismo tramiento por parte de los historiadores paganos. No es relevante. Tendremos que esperar a que la figura de Jesús vaya siendo reconocida en la historia, ésta ya cristiana, para que también la figura de su madre sea igualmente recuperada. Este debe ser el modo en que tratemos de acercarnos a María: por medio de su hijo. Tal vez sea un movimiento recíproco, pero que debe empezar por el centro, que es Cristo. Por Cristo descubrimos a María. este es el sentido originario. Puede darse que la figura de la madre de Jesús también nos ayude a descubrir al Hijo de esta mujer. De aquí que también sea posible llegar al Hijo por la Madre, pero el sentido en este caso es pedagógico, mientras que en el caso anterior, llegar a María por Cristo es desde el punto de vista salvífico. La salvación, única y universal se nos ofrece por Cristo, quien nos da a María por Madre.
7 Madre del Salvador, madre nuestra
La tradición más fiel del cristianismo ha mantenido con candor y verdadero amor la memoria de María, la madre del Señor, a lo largo de los siglos. Y ha ido con deoción y afecto enriqueciendo la figura de esta mujer, grande por su maternidad, grande por su virginidad, grande por la elección que Dios hizo en ella. La grandeza de María debe ser puesta en consonancia con cuanto hemos dicho más arriba sobre la condición de la mujer hoy. María es grande porque "Dios ensalza a los humildes" (Magníficat)
Desde los primeros siglos, los Padres de la Iglesia -propiamente los encargados de transmitir la fe a las generaciones posteriores custodiada fielmente y sabiamente interpretada- hablan de María siguiendo el Nuevo Testamento. La concepción de una virgen, el parto y la muerte y resurrección de Jesús no son hechos aislados, sino acontecimiento queridos por Dios en su designio salvífico, que involucra nuestra historia. Si María formó parte de este designio, de este plan de salvación de Dios, queda ella incorporada a su designio para toda la humanidad.
8 Lo original y lo postizo en María
A lo largo de los siglos, la Iglesia ha conservado con amor la memoria de Cristo y todo lo que con él se relaciona. También, por supuesto, la memoria de María.
Hoy aparece cada vez con mayor fuerza la convicción de que los siglos han añadido aspectos que no son originarios, que más bien son adherencias indebidas que se nos han ido incorporando imperceptiblemente, y así hay quien piensa que la imagen que tenemos de María, de los santos, de las cosas santas... es una imagen "deformada" porque ha sido transformada y que poco tiene que ver con los orígenes. ¿Cómo cerciorarnos de la verdad y de la imagen auténtica y nítida que tenemos de María? ¿Se nos ha transmitido tal cual es? ¿Hemos perdido algo importante? ¿Nos hemos olvidado o añadido cosas de "nuestra cosecha" olvidando lo que Dios nos ha dado de ella? Estas preguntas, referidad ahora a María, constituyen el centro del debate sobre la tradición en la Iglesia. Veamos algunas aclaracones.
9 El lugar de María en la historia
Bien comprendido, el lugar que ocupa María en la Historia de la Salvación está siempre referido a cristo, el único en quien encontramos salvación. Desde este centro, cristo, María es el modelo más cercano a Cristo, por eso es modelo para la Iglesia. Este es el mejor modo de situar a María en la Iglesia, como modelo, protección, ejemplo, guía. La Iglesia, que desarrolla entre los fieles una función de maternidad, se mira en María para hacer de su misión un servicio a los creyentes. Una Iglesia maternal como María, bajo su auxilio y su ejemplo es para nosotros hoy una buena lectura mariana de nuestra vocación creyente. todos somos iglesia y todos podemos fijarnos en los rasgos de María que son centrales para seguir a Jesús. Ella escuchó la Palabra, la acogió en su seno y la dio a la luz.
10 En la memoria y en el corazón
A lo largo de los siglos, la Iglesia ha sabido quedarse con lo fundamental en lo referente a María. Ha llamado dogmas de fe a esas experiencias fundamentales, que nos ayudan a comprender lo que Dios, en su misterio de amor, hace por nosotros. Sobre María, en la Iglesia hay cuatro dogmas, memoria agradecida, cuatro síntesis de siglos de amor a la madre del señor: es madre de Dios, es siempre virgen, fue inmaculada en su concepción y su asunción a la gloria de Dios marca el final de su vida terrena.
Estos cuatro hemos señalan los pasos de la vida de María, modelo de creyente para nosotros y ejemplar realización de la colaboración humana con la voluntad de Dios.
11 Nosotros, como María
La conclusión pue de ser extraída por cada uno con estos elementos:
- María nos ayuda a prfundizar en nuestra respuesta a Dios en la vida.
- Ella tiene una fe madura, que reconoce la presencia de Dios y su confianza puesta en nuestra capacidad de respuesta libre a un modo de vivir desde el amor y la entrega.
- María nos enseña, con su vida, que hay un modo de acoger la Palabra de Dios que conlleva vivir orientados hacia esa Palabra y desde esa Palabra.
- Nuestro mejor modo de honrarla será vivir como ella teniendo al Hijo como centro de nuestra vida.
Artículo "Tema del mes" Boletín Salesiano Mayo 2004