| ROSARIO MISIONERO | África | América | Europa | Oceanía | Asia | El Papa Juan Pablo lI, en la carta encíclica Redemptoris Missio sobre las misiones, afirma: «Todos los cristianos son corresponsables de la actividad misionera. La participación de las comunidades y de cada fiel en este derecho-deber se llama 'cooperación misionera'» (No. 77). Y más adelante el Papa dice: «Entre las formas de participación, el primer lugar corresponde a la cooperación espiritual: oración, sacrificios, testimonio de vida cristiana. La oración debe acompañar el camino de los misioneros para que el anuncio de la Palabra resulte eficaz por medio de la gracia divina» (No. 78). Estas palabras del Vicario de Cristo son un llamado a todo el pueblo cristiano a vivir concretamente el compromiso apostólico-misionero que brota de nuestro bautismo. Pues bien, el «Rosario misionero» es una manera concreta para cumplir con ese deber. Lo ha pensado y organizado hace algunos años un obispo norteamericano, Monseñor Fulton Sheen, con el fin de sugerir y brindar un medio muy práctico de orar por las misiones y misioneros. Consiste en rezar los cinco misterios de cada día teniendo presentes los cinco continentes del mundo, pensando en la situación concreta de cada continente desde el punto de vista de la evangelización y de la presencia cristiana, y orando por los misioneros y misioneras, por todos los agentes de la evangelización, y por todos los que aún no conocen la Buena Nueva de la salvación, para que se abran a la luz del Evangelio. Presentación Los cristianos que se esfuerzan por vivir la dimensión misionera de su bautismo rezan por las misiones y muchos de ellos conocen y usan el Rosario misionero, presentado y explicado por interesantes publicaciones sobre el tema. Las hay por todas las exigencias. Las páginas siguientes van en esta misma línea; quieren ser un subsidio para el rezo del Rosario misionero. Sin embargo tienen algo característico, porque constituyen un «Rosario misionero guadalupano», porque en cada continente pone de relieve algún elemento del acontecimiento y del mensaje que la Madre de Dios transmitió a los pueblos de nuestro continente americano por medio de sus apariciones al beato Juan Diego en el Tepeyac, cerrito que actualmente ha quedado enclavado en el corazón de la capital mexicana. Ese acontecimiento marcó el alcance de la evangelización en nuestro continente. Pero no debe ser un acontecimiento y un mensaje de «ayer», pasado para siempre a la historia. Quiere y debe ser un acontecimiento siempre vivo y su mensaje debe ser siempre vigente entre los pueblos americanos. Santa María de Guadalupe estuvo presente en los comienzos de nuestra evangelización. Estuvo presente en el desarrollo de la misma. Sigue presente y cuida de sus hijos en nuestros tiempos. A esta presencia suya se atribuye la conservación de la fe, sobre todo en América Latina. Vale la pena, pues, aprovechar el rezo del santo Rosario para hacer memoria y meditar su mensaje maternal. Esto nos ayudará a conocerlo más a fondo, a escucharlo con el corazón, a vivirlo concretamente y a experimentar esa presencia protectora y de intercesión de la Santísima Madre de Dios y Madre nuestra, Santa María de Guadalupe. Subsidios para el rezo Para ayudar a las personas que quieren rezar de esta manera, se han confeccionado «rosarios misioneros» en cinco colores. Cada continente está simbolizado por un color: el «verde» simboliza a África; el «rojo» simboliza a América; el «blanco» simboliza a Europa; el «azul» simboliza a Oceanía; el «amarillo» simboliza a Asia. Además hay folletos que explican esta manera de rezar el Rosario y dan breves noticias sobre cada continente para ayudar y motivar la oración, como el que está leyendo. La intercesión de María La Santísima Virgen María fue la mujer preparada por Dios para dar existencia humana al propio Hijo de Dios, hecho hombre por la salvación de la entera humanidad. En la constitución Lumen gentium del Concilio Vaticano II se afirma que «María, aceptando la palabra divina, fue hecha Madre de Jesús, y abrazando la voluntad salvífica de Dios con generoso corazón, se consagró totalmente a sí misma, cual esclava del Señor, a la persona y a la obra de su Hijo, sirviendo el misterio de la redención con El y bajo El» (No. 56). Esto significa que ella es la «Nueva Eva» que cooperó con el «Nuevo Adán» para que naciera la humanidad nueva. Es así como María concibió y dio a luz a Jesús en Belén, estuvo con El en las bodas de Caná e intercedió de El el primer milagro, estuvo firme a los pies de la cruz, oró con los Apóstoles en el cenáculo. Y ahora, elevada a la gloria del cielo, sigue intercediendo por el mundo, por la Iglesia, y por cada uno de nosotros. Con el rezo del Rosario en su honor celebramos esa cooperación suya, confiamos en su asistencia maternal, pedimos su intercesión delante de su Hilo Jesús. | |
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