Dentro de la Religión Amonita existen diferentes mitos sobre como fue creado el mundo y el universo.
Las diferencias dependen de las distintas escuelas iniciáticas, y su ubicación geográfica en ese momento.
La que nosotros empleamos es la siguiente:
“Cuando sólo existía el primer mar, Nun, formó por encima de él un suelo elevado. Sobre esta colina sagrada del primero de los comienzos yacía oculto el huevo del ganso doméstico. Y de él salió AMON, cuando todavía no estaban formados ni el cielo ni la tierra. Entonces aún no había tampoco ni hombres ni dioses.
Después de que AMON hubo salido del huevo creó un orden en la inmensa oscuridad y sometió a las tinieblas mismas para que el mundo pudiese ver claramente. En seguida, después de que lo llamaran RA señor de la luz y las tinieblas, hizo poblar la tierra con animales y seres vivos, dioses y hombres. Pero AMON gobernaba al mundo con ayuda de ocho divinidades que él había creado con AMAUNET con gran conformidad y alegría.
RA era el gran dios que al principio apareció bajo el aspecto de Nun.
Diariamente, RA recorría su camino por el horizonte. Él fue padre de los padres y madre de las madres. Él se despojó de todo lo que había en él.
Llevó muchos nombres y apareció bajo muchas formas.
RA reformó la tierra y la pobló de plantas y animales. Ordenó las aguas y les señaló el rumbo. Entonces surgió de las aguas una vaca y se convirtió en el cielo sobre las aguas y la tierra. Pero RA también gobernaba sobre los arcanos detrás del horizonte y pacificaba a los dioses que estaban descontentos y ociosos. Más él también regaló a los animales el milagro del amor y los volvió activos para que pudiesen alegrarse de su existencia en el mundo.
Tras ello reguló la duración de la noche y la duración del día. Él fijo las estaciones del año e hizo que el Nilo inundara a su tiempo el territorio y que luego se retirara nuevamente al centro del valle para que hombres y animales pudiesen vivir. Para regocijo del País y para que se lo recordara instituyó la sucesión de las fiestas.
RA amaba a las naciones. Cuando él por primera vez había aparecido en la isla de las llamaradas, sometió lejos las fuerzas de la obscuridad y el caos. Él las hizo obedientes a su hija MA’AT también.
A MA’AT le confirió toda la sabiduría y la ciencia necesaria para conducir al mundo y regirlo con justicia.
Durante sus viajes diarios a través del horizonte de los países probaba él desde entonces cómo MA’AT llevaba a cabo su voluntad y trataba de saber si ella la contravenía. Si era menester disuadirla con mofa y escarnio u otros daños, él no titubeaba nunca.
RA se había resuelto también porque tuviesen vigencia todos los tiempos el derecho y las buenas costumbres.
Para él se había reservado alguna vez el poner a prueba a todo hombre para saber si había sido obediente. Por eso también se preocupaba él por el orden en Aminte, en el reino de los muertos”.