EL FUNDADOR: JOSEPH SMITH, ¿"PROFETA" O IMPOSTOR MITOMANO? Joseph Smith nació un 23 de diciembre de 1805 en Sharon (estado de Vermont), fruto de la unión de Joseph Smith y Lucy Mack. Era el cuarto de una serie de ocho hijos. En 1816, motivados por la búsqueda de una vida mejor, la familia se traslado primeramente al pueblo de Palmyra y luego a Manchester (ambos en el estado de Nueva York). Su padre tuvo una marcada inclinación por las cuestiones mágicas, adivinatorias, astrologicas, etc., y su madre, en sintonía con su abuelo Salomón Mack, acusaba tener frecuentes visiones y fantasías religiosas al punto de creer que había sido curada milagrosamente. En ese ambiente creció el joven Joseph. Instalados en Palmyra, la madre ingresó a una iglesia presbiteriana, junto a tres de sus hijos. Joseph tenía una actitud pesimista ante el panorama que tenía ante sus ojos: una infinidad de iglesias (y de predicadores milenaristas de toda laya) proclamaban tener la ‘verdad’. Resultando tan disímiles unas de otras, Joseph se vio repentinamente embargado de una angustia existencial por no poder determinar con seguridad cual de todas ellas era la verdadera iglesia de Cristo. Recibió una educación muy deficiente, pero a pesar de ello desde pequeño mostró grandes dotes para inventar cautivantes historias las que eran muy festejadas por su padre. Fundamental para entender el desarrollo del mormonismo, resulta conocer que Smith en su adolescencia -junto a un grupo de amigos- se dedicó a la búsqueda de tesoros para lo cual decía tener una ‘piedra vidente’ (o mágica). Encontrándose en esos quehaceres, un acontecimiento ‘inesperado’ habría de dar un vuelco total a la historia de su vida. La primera visión: Según los relatos autobiográficos de este peculiar personaje, todo comenzó en una época en la que se había producido un fuerte renacimiento religioso promovido principalmente por el adventismo, el metodismo y los presbiterianos. Como dijimos con anterioridad, la adolescencia de J. Smith estuvo marcada por una fuerte duda motivada por la presencia de un sinnúmero de denominaciones cristianas donde no alcanzaba a dilucidar cual de todas ellas era la verdadera iglesia de Cristo. En los primeros días de la primavera de 1820 y cuando Joseph tenía apenas 14 años de edad, decidió ir a un bosque cercano a su hogar para orar y suplicar a Dios que le esclareciera sus dudas (según dicen había estado meditando las palabras de Santiago 1,5). Repentinamente se le aparecieron dos figuras resplandecientes -previo ser cegado por una fuerte luz- tratándose nada más y nada menos que del mismísimo Dios Padre y su Hijo Jesucristo. Estupefacto, se le hizo saber que en él tenían depositada toda su confianza, encomendándole –a su debido tiempo- la misión restauradora de la Iglesia cristiana primitiva que había caído en la total apostasía pocos años después de la muerte del último apóstol. Este episodio es conocido como “la primera visión”. Sin salir de su asombro pero satisfecho porque Dios había escuchado sus súplicas, Smith dio a conocer a sus vecinos tan magno acontecimiento. Al parecer sus vecinos no lo tomaron muy en serio recibido como contrapartida nada más que burlas, indiferencia y persecución, hechos que no lograron resentir sus convicciones. Sobre el particular cabe hacer una serie de consideraciones previo a continuar con el relato histórico. Bien vale aquí preguntarnos ¿qué hacemos con esta visión? ¿existen evidencias históricas?. Salvo para los investigadores mormones (aunque algunos de ellos hoy ya la cuestionan) para la mayoría la respuesta es más que pesimista, considerándola un invento salido de una mente prodigiosamente fantasiosa como era la del ‘profeta’ Smith. Wesley P. Walters en su artículo ‘Nueva luz sobre la primera visión de José Smith’ (publicado por el Institute Research Religious) refuta la historicidad de esta revelación, usando para ello argumentos bien fundados con datos incontrovertibles y que a continuación sintéticamente expondremos: (coninua en el sig. capitulo) |