| El vertigionoso final de Joseph Smith Separado de su esposa, Emma Hale, recibió una nueva ‘revelación’ que legitimaba su (secreta) práctica de la poligamia. Según algunos generosos cálculos tuvo alrededor de 33 esposas y otros lo elevan a más de 45. Luego de que en 1845 quiso ser candidato a la presidencia de la Unión, debió desistir de tal idea ante el empeoramiento de la situación interna del mormonismo ya que muchos de sus seguidores cuestionaban seriamente su autoritarismo y principalmente la práctica de la poligamia. Así, un grupo disidente fundó el diario ‘Nauvoo Expositor’ mediante el cual denunciaban duramente las prácticas del ‘profeta’ Smith. Este no tuvo mejor idea que entrometerse con aquellos mormones disidentes venidos a periodistas, prohibiendo su circulación, confiscando sus bienes y luego quemándolo, convirtiéndose esta acción en una auténtica profecía de tiempos contemporáneos ya que marcó el inicio de su trágico final..... Acorralado por sus propios seguidores como por los vecinos no mormones, Smith decidió expulsar los agitadores poniendo en movimiento sus tropas (Legión de Nauvoo) para poner orden. El gobernador de Missouri, ante el desarrollo que iban tomando los acontecimientos, decidió intervenir enviando el ejercito regular. Smith trató de huir pero, presionado por sus seguidores, tuvo que afrontar la situación rindiendose a las autoridades estatales. Junto a su hermano Hyrum y dos colaboradores llamados William Richards y John Taylor, Smith es encarcelado en la prisión de la ciudad de Carthage (Illinois), acusado de inmoralidad y otros delitos. Contradiciendo sus propias profecías vertidas en el Libro de Mormón: “Y así profetizó José, diciendo: He aquí, el Señor bendecirá a ese vidente (refiriéndose al propio Smith) y los que traten de destruírlo serán confundidos” (2 Nefi 3,14), un 27 de junio de 1844, la prisión fue asaltada por un grupo enfurecido de ciudadanos asesinando a Joseph Smith y a su hermano Hyrum. Aún hoy se desconoce el lugar exacto donde fueron enterrados sus restos. Pronto, su figura fue resaltada entre sus discípulos como aquél que había sellado su testimonio con sangre, designándolo hasta nuestros días como ‘profeta, mártir y santo’. Sobre la figura de Joseph Smith bien vale reproducir las afirmaciones del Pbro. José Luis Sánchez Nogales quien dice: “Con 39 años acababa la vida de un hombre de personalidad enigmática y extraña. Son claros los rasgos de un carácter que no distingue bien los sueños de la realidad y que tenía la capacidad de fascinar a personas superiores a él en cultura’ (cfme. ‘La nostalgia del Eterno’, ed. CCS, Madrid, 1997, pág. 106). En tal sentido W. Bartz, en su libro ‘Las sectas hoy. Doctrina, organización, difusión’ ed. Queriniana, Brescia, 1986, pág. 61-70, afirma: “En efecto, en su personalidad se mezclan éxitos y fracasos, elementos sanos y otros patológicos. Esta ambigüedad hace difícil, cuando no imposible, distinguir lo que en su vida surge de un impulso verdaderamente religioso y de una conciencia de cumplimiento de una misión, de todo aquello que proviene de otras fuentes (....) Un hombre cuya anormalidad psíquica y cuyas falencias morales son de tal peso, un hombre que publica como revelaciones morales un libro lleno de imposturas, que legitima la propia poligamia remitiéndose a la aprobación revelada de Dios, no puede ser el enviado por Dios para fundar una Iglesia” (citado por Pietro Canova en ‘Las Sectas, un volcán en erupción’, ed. Paulinas, Bs. As., 1991, pág. 59). Quizás la muerte de un ‘profeta’ tan peculiar como lo fue Joseph Smith hubiera significado en cualquier otro caso el final de la aventura religiosa, sin embargo en el caso mormón, la aparición providencial de la figura de Brigham Young lo impidió. BRIGHAM YOUNG, UN "DESPOTICO REORGANIZADOR (1804-1877) Muerto el ‘profeta’ Smith se instaló en las huestes mormonas un estado de incertidumbre interna motivada por el ‘que hacer ahora’ con la organización y quien sería el encargado de dirigirla. En ese estado es cuando aparece Brigham Young –ex carpintero- quien rápidamente tomó las riendas de la iglesia, las que no soltaría hasta su muerte. De carácter violento y manejo despótico (impuso su voluntad con mano de hierro) fue elegido primeramente como ‘Presidente del Consejo de los Doce Apóstoles’ y luego (1847) como ‘Presidente de la Iglesia mormona’ con los títulos de ‘profeta, vidente y revelador infalible’. Sus enseñanzas y doctrinas fueron consideradas ‘palabra de Dios’, muchas de las cuales tienen vigencia hasta el día de hoy (algunas abiertamente y otras son mantenidas en secreto). Hacíamos referencia, precedentemente, del fuerte carácter de Young. Esa característica le hizo tomar medidas muchas veces audaces, como la que lo llevó a realizar uno de los acontecimientos más importantes de la historia mormona: el éxodo. Este da comienzo con la expulsión de los mormones de Nauvoo (Illinois) por parte del gobernador Ford. B. Young debió actuar con rapidez y el 4 de febrero de 1846 decidió marchar, junto a todo el pueblo mormón, hacia el oeste. Según diversos relatos que tenemos del hecho, la marcha fue larga y penosa. Durante algo más de un año recorrieron 2000 km a pie o en carros, hasta que en julio de 1847 llegaron a orillas del Lago Salado. Allí se encontraron con un espectáculo desolador. Estaban ante una planicie desértica e inhóspita, sin embargo Young (visión mediante) decidió que ese era el lugar querido por Dios para constituir ‘la nueva Sion’, fundando la ciudad de Salt Lake City. Al cabo de unos pocos años, convirtieron aquel inhabitable paraje en un vergel, motivando una fuerte acción inmigratoria que provocó su rápido crecimiento. No resulta exagerado afirmar que el éxodo mormón tuvo ribetes épicos y por ello, Brigham Young es considerado por el mormonismo como el ‘Moisés moderno’. El desarrollo fue vertiginoso. En 1849 se dieron una constitución y gobierno propio de tipo teocrático. El territorio mormón fue admitido por el Congreso de la Unión en 1859, bajo el nombre de Utah, y en 1894 como un nuevo Estado. Intimados por el gobierno federal a participar con reclutas en la guerra con México, Young formó el ‘Batallón Mormón’, que si bien no participó en batalla alguna, tuvo un recorrido notorio. También dio inicio de un gran Templo el que recién fue concluido en 1893. Otro hito en la historia mormona lo constituye la aprobación oficial de la practica poligámica (1852). Young, al igual que su antecesor Joseph Smith, fue un asiduo practicante ya que -según los historiadores- tuvo 17 esposas (algunos aumentan el número a 27) y 56 hijos. Dicha declaración trajo sus consecuencias. El gobierno central (bajo la presidencia de Buchanan) enterado de ello como así también de la intención mormona de constituir un estado teocrático decidió enviar tropas federales para sofocar tales ideas. Sin embargo el acontecimiento no pasó a mayores, salvo que en 1857 Young fue destituido del cargo de gobernador en el que había sido designado con anterioridad. En 1882 el Congreso norteamericano prohibió definitivamente la poligamia. En 1894 el presidente mormón Woodrof expidió un memorial desaconsejando la práctica poligamica entre los fieles, y en 1904 el sexto presidente de la iglesia mormona, J. Fielding, rechazó la practica poligámica bajo pena de excomunión. Bien vale aclarar que el mormonismo disidente (originado por sucesivos cismas) aún la mantiene vigente. Bajo la presidencia de Brigham Young la iglesia mormona vivió etapas de gran desarrollo económico, principalmente por su decisión de no participar de la guerra de la secesión norteamericana, a pesar de ser un racista militante cuya irracional convicción la manifestó con claridad al revelar e imponer la doctrina de que los negros eran los descendientes de Caín, malditos por la eternidad y por ende, destinados a la esclavitud. A pesar de haberla sostenido hasta hace muy poco, es una doctrina que –junto a otras varias- el mormonismo contemporáneo procura ocultar. Como lo hemos dicho anteriormente, Young tenía un carácter autoritario y un manejo despótico de la organización. Esta situación produjo numerosos cismas originados por aquellas voces que se alzaron en su contra. Entre las principales divisiones se encuentran las siguientes: (continua en el capitulo 6) |