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GUSTAVO CERATI
Vida pura sin soda...


Soda Stereo ya fue. Sin embargo, considera inevitables las referencias a una hipotética vuelta. Pero duda que eso ocurra algún día. Se define como un músico disperso y para nada frívolo.


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En overol de jean, los brazos de Cerati se ven demasiado largos. Los bambolea con cierto aire desgarbado, modernoso, al tiempo que camina por el muelle de La Boca con la cabeza baja y enciende cigarrillos king size que duran siete segundos. Los pita y apaga, en un derroche de nicotina, entre foto y foto. Llega al muelle justo para la hora del mate de los muchachos del Yaguareté, una mole oxidada estacionada en la orilla que da sobre Pedro de Mendoza. “La próxima traéte el tinto, soda ya tenemos”, le tiran. Cerati no sabe, no contesta. Puede que no los haya escuchado.

El tipo que a los 22 años acuñó el acorde inicial de Soda Stereo en una Villa Urquiza donde los garages vibraban a puro ensayo casero, recién consumirá los king size como Dios manda cuando se siente en un salón vacío del buque Vapor de la Carrera. Cuando desde un piso más arriba de la tienda donde un peruano vende recuerdos de Buenos Aires a los turistas, reconozca que ya no retruca con un “para eso están los discos” si durante un recital el público desespera por un tema de Soda, siete años después de la disolución de aquella música ligera. “Soda es una cosa omnipresente. El primer concierto en el Gran Rex de Bocanada (disco solista del 99) hubo una hinchada de Soda Stereo y yo, en vez de interpretarlo bien, lo llevé para el lado equivocado –admite mientras ahoga las colillas en una copa–. Lo que pasa es que demostrás tu propia inseguridad, tus miedos, y te defendés.”

Junto a Charly Alberti y Zeta Bosio, Soda Stereo fue la banda de sonido de los 80 y principios de los 90.

¿Fastidia que te pregunten si se van a volver a juntar?

Es algo inevitable. La mayoría de los grupos vuelven, esa es la verdad. Vi en un diario británico que están volviendo muchas bandas y es como volver al 86. En un punto digo "Voy a tener que volver en algún momento". Pero adentro mío no siento para nada esa necesidad y dudo que ocurra.

¿Se ven?

Es muy poco el contacto. Nos hemos visto y todo bien, pero lejano. Una vez me llamaron los The Police para hacer un disco homenaje y fui a tocar con (el guitarrista) Andy Summers. Ellos ya se habían divorciado en términos mucho menos amables que los nuestros y Summers me decía que se habían encontrado para tocar y que fue fantástico. Decían "Somos The Police, abracémosnos y salgamos al escenario". Pero a los cinco minutos se empezaron a sentir las razones por las cuales se habían separado. A mí me pasó exactamente lo mismo. Los primeros momentos que me encuentro con ellos está todo bien pero a los minutos inmediatamente surgen todas las razones por las cuales no podíamos seguir estando juntos. Yo no puedo decir que eso ocurra de por vida, ojalá no sea así. Pero había razones muy concretas por las que no podíamos seguir juntos.

¿Por ejemplo?

Falta de diálogo total y una amistad resquebrajada. Ya no podíamos decir que éramos amigos, cada uno vibrando en lugares muy diferentes.


¿Permisivo yo?

A los 45, Cerati concede versiones remixadas de viejas declaraciones antipáticas. "Proyecto muchas veces un aire de superioridad que sinceramente no tengo", se resguarda. Alguna vez dijo en tiempos de sodero que no soportaba la berretez del rock argentino, que estaba harto de Piero y que quería sincronizar con el resto del mundo. "Lo que pasa es que cuando uno arranca con algún proyecto, suponete Soda Stereo, no sabíamos muy bien qué decir al respecto de nosotros. Lo que sabíamos claramente era que nos teníamos que diferenciar. Si no era suficiente con lo que proyectábamos a nivel imagen, tenía que ser también verbal -explica a dos décadas de aquellas palabras-. Eso lo observás más o menos en todos los grupos nuevos. Después empiezan a entender que somos parte de la misma cosa y que te pasan las mismas pelotudeces que a todos. Pero al principio está bueno decir ´somos distintos´, ´el rock, ¿qué es? ¿Piero?´ y esas cosas. Pero no tengo nada contra Piero, está todo bien."

¿De qué estás harto hoy?

No me gusta participar de esa cosa veleta que tiene mucho el rostro argentino. Cuando nos encontramos cara a cara no sos capaz de decirme lo mismo que anduviste diciendo por ahí. Siempre me molesta mucho eso del rock, que es un lugar donde proliferan los bocones que hablan y se ponen en situación de actitud y, parafraseando a Fito Páez, no todo es cuestión de actitud y encontrarte con tipos que hablaron mierda de vos para diferenciarse.

¿Quién habló mal de vos?

No sé si me interesa dar nombres.

¿Te bajó la ansiedad de buscar el alto impacto?

No lo busco como primera instancia. Cuando era más chico, sí. Hoy quiero hacer algo potente, pero la potencia no subyace sólo en el salirse de boca. Hay potencia en la contención, en la melancolía, pero nunca termino del todo conforme con un disco. Hay lugares donde lo termino aceptando, diciendo "Okay, no le demos más vueltas". En realidad terminar algo es uno de los problemas de casi todo el mundo, pero siempre me quedo con ganas de haber explotado algunas cosas que, si aparecieron, les tuve algún temor. Pero creo que, desde el punto de vista artístico, me falta todavía mucha tela.

El mayor y único varón de tres Ceratis ha sabido, sin embargo, aprovechar el segundero. Empezó a rasguear en folclore, hizo canciones de iglesia e intentó una licenciatura en publicidad en facultad privada de donde reclutó a Zeta Bosio, el bajista de Soda. Desde que se independizó, compuso bandas de sonido de películas (+ Bien -candidata a un Grammy de Pop Latino- y Sólo por hoy), actuó, tocó en el Colón, produjo discos ajenos, hizo la música de una publicidad de cerveza, condujo un programa de cable.

"La crítica más certera que he tenido ha sido la de la dispersión. Soy un disperso, hago foco pero también cambio de foco y a veces eso conspira contra la lectura general de algo", es su autocrítica.

Del otro lado, se ve a sí mismo comprensivo: "Doy bastante changuy. No me pongo a defenestrar un grupo que hace un disco que no tiene nada que ver con lo que a mí me gusta", aclara. Y hasta le dio el sí a Shakira: "No hay un código ético que estoy rompiendo con eso. Hace unos años ella tuvo un acercamiento a mí y la verdad es que yo no lo veía, estaba muy metido en lo que estaba haciendo en ese momento".

¿Y por qué ahora sí?

Pura intuición. Esta vez me sonó bien, me gustó que me llamara, me interesó. Estuvimos en Bahamas, seleccioné un tema, trabajamos en eso, vimos qué tipo de confrontación teníamos. Hay cosas de ella que me interesan muchísimo. Su penetración pop y su energía son producto de lo que genera. Hay cosas de ella que no me gustan cómo las construyó, pero no puedo desconocer lo que producen y hay algo en ella que es sumamente atrayente. Para mí es una puerta, no sé hacia dónde, pero es una puerta.

En esta apertura, ¿te cabe, como al Presidente, la cumbia villera?

Me gusta el ritmo de cumbia relentado, fumón. Pero el problema de la cumbia villera es la vagancia. El estilo es potencialmente interesante pero tiene una vagancia musical muy grande.


Parirás sin dolor

A esta altura del partido, Cerati asegura que ya no sufre la presión de sacar un disco. "La analogía del parto con la obra no la veo. Ni siquiera me parece que es una cosa que me va a salvar la vida aunque en algún punto lo hace. Me impersonalizo, no estoy todo el tiempo tratando de que mis letras sean lo que sale de adentro -destaca-. No hay una búsqueda necesaria de la autenticidad y de la sinceridad que parecen ser valores muy en boga en el rock, aunque por suerte están cayendo. Yo estoy jugando con las palabras y si ésta me viene mejor que la otra, adelante. No necesito ser sincero como artista. Como persona, sí."

Siempre es hoy, su último disco, deja al desnudo el amor que ya fue -su separación de Cecilia Amenábar, la madre de sus dos hijos- y el que es -la modelo Déborah de Corral, ex de Charly Alberti-.

¿No fuiste ahí más intimista?

No era mi intención abusar de eso.

Hay gente que lo interpretó así.

En realidad no podía escribir otra cosa. Yo tiendo a aglutinar la parte lírica en un lapso determinado, no estoy escribiendo todo el tiempo. No tengo un bagaje de letras como así de música. Tengo desbalanceada esa parte.

¿Hay música en tu cabeza todo el tiempo?

Sí.

¿Qué está sonando ahora?

Tengo un tema que terminé de hacer ayer. Shakira me pasó un pedazo de una canción para ver qué se me ocurría y en eso estoy.

Sexo, droga y rock

Desparramado en una silla incómoda, Cerati hoy no presenta resistencia. Es casi tan dócil como un guante y tan sincero como puede. "Aparento una situación de control muy grande pero no soy tan controlado y me desboco con facilidad", dice.

¿Droga y rock van juntos?

No creo que para hacer música haya que tomar drogas. En mi caso particular probé todo lo que pude, algunas cosas no las probé porque les temí y otras, increíblemente no les temí y las probé, y me di cuenta de lo que significaban. Y como soy una persona tremendamente viciosa, es fácil en mí generar algún tipo de dependencia a sustancias, de hecho fumo como un condenado desde hace años, he sabido detenerme. El otro día Pettinato me decía: "¿Por qué estamos vivos todavía?" Yo trato de tener la menor cantidad de cosas que me hacen mal porque tengo tendencia a exagerar con ellas. Cuando deseo algo, y va desde conseguir el resultado feliz de una grabación hasta una mujer, toda mi disposición atómica se pone en estado de locura.

Eso, hablemos de una mujer. ¿Te gustaba la novia de Alberti?

No. Pasaron ocho, nueve años entre una cosa y la otra. Sí vibré en ella una cuestión de personalidad que me pareció muy interesante. Pero hay códigos éticos.

Pero le habías echado el ojo

Y sí, nada surge de golpe. No es algo que venía planeando de antes hasta que nos cayó a lo dos.

¿Cuándo te cayó la ficha?

Después de habernos conocido más en Londres y acá, en Buenos Aires. Yo estaba bastante separado de Cecilia, era una cosa que ya no sabíamos cómo sostenerla. Si no, es muy raro que, más allá del terreno de la fantasía, salga realmente a hacer algo.

Oscurece en La Boca mientras Cerati admite que le gustan el glam y las luces de colores porque la música es un espacio de fantasía. Asegura que no es frívolo -"no vivo de party en party"- y que no se banca que digan mentiras como que viajó a Los Angeles a implantarse pelo. Le importa menos que inventen que se acaba de separar de Déborah de Corral, con quien vive en el Bajo Belgrano. ¿Por qué pierden la cabeza ocupándose de mí? •




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