El tiempo y las estaciones
Aunque las estaciones se suceden en todo el mundo, su variación ejerce una influencia especialmente poderosa sobre la vida y las costumbres de los finlandeses. En un país que se interna profundamente en el círculo polar Ártico, las variaciones de temperatura y luminosidad son tan dramáticas que bien podría hablarse de dos culturas finlandesas, una caracterizada por la luz de un sol que brilla casi toda la noche y temperaturas que alcanzan registros sorprendentes, y otra marcada por un frío que se hace insoportable y una penumbra boreal que sólo cede a mediodía.
Aunque el verano viene cada año, su llegada se considera tan importante que en la práctica el país, como muchos extranjeros han constatado contrariados, se «cierra por vacaciones». Después de San Juan los finlandeses se trasladan a sus cabañas y chalets, y los que quedan en la ciudad pasan el tiempo al aire libre, en las terrazas, parques y costas, en una actitud sociable y benévola. Las cartas de clientes y amigos pueden quedar largo tiempo sin responder, el correo electrónico envía durante más de un mes respuestas de out of office, y con los amigos se discute más sobre el pique del salmón y el progreso del huerto que sobre cuestiones fundamentales de política y economía internacional. El extranjero notará fácilmente que los finlandeses son en verano muy felices y orgullosos de su origen y de su bello país, y hará bien en alentar estos sentimientos.
Al llegar el invierno los finlandeses cierran sus cabañas, chalets y terrazas, sacan sus veleros a tierra y los cubren, ponen las ruedas de invierno a sus coches, sacan de los roperos sus abrigos y botas, llevan los palos de golf al sótano y revisan el estado de sus esquíes.
En invierno el finlandés es industrioso, pues el exterior no es muy atractivo y el tiempo que debe pasar puertas adentro bien puede emplearlo trabajando. Mientras sus antepasados agrarios se afanaban durante el largo invierno haciendo y reparando las herramientas que usarían en verano, el finlandés actual desarrolla su país desde su oficina para convertirlo en una sociedad tecnológica aun más moderna y eficiente. Aunque el extranjero se asombre de la extraña desolación invernal de las ciudades y el campo, podrá intuir que tras las ventanas iluminadas se afana un pueblo laborioso y concentrado, que sabe que el invierno no es eterno y que pronto podrá volver a su cabaña adisfrutar de la naturaleza.
Las espectaculares variaciones entre las estaciones hacen que los finlandeses sean especialmenteconscientes del paso del tiempo. Esta conciencia está marcada por una espera optimista de la siguiente estación: pronto se derretirá la nieve, luego llegarán las primeras aves migratorias, al mes siguienteya no se pondrá el sol, luego madurarán las manzanas y poco a poco llegarán las primeras heladas.
Esta circunstancia no tiene necesariamente relación con la proverbial puntualidad de los finlandeses,quienes al decir de muchos son un poco prisioneros del tiempo. Como en todos los países del mundo, los altos cargos públicos y empresariales tienen una agenda muy apretada, de la que no pueden apartarse sin angustiarse. Las citas concertadas se cumplen preferentemente al minuto: un retraso de más de quince minutos se considera no sólo una negligencia sino también una descortesía.
También en encuentros privados entre amigos y conocidos se respeta la hora convenida. Los conciertos, teatros y otros espectáculos comienzan a horario, y los atrasos de los trenes o autobuses siguen siendo la excepción. En general está de moda un estilo de vida atareado, y tener la agenda llena de citas y reuniones es más bien motivo de orgullo y muestra de status que una muestra de mala administración del tiempo.
En una cultura así el tiempo reservado por un anfitrión para agasajar a su huésped es uno de los indicadores más importantes de estima. Si en un almuerzo un finlandés no ojea su reloj sino que propone comer y beber algo más antes de pasar a la sauna, y sugiere que si al huésped le viene bien al día siguiente podrían ir a la cabaña, éste podrá estar seguro de que se está forjando una relación duradera, quizás hasta una amistad.
La sauna
Un pueblo de cinco millones de habitantes con un millón y medio de saunas no necesita una etiqueta «saunera» específica, pues los finlandeses aprenden a tomar la sauna de la misma manera que aprenden a hablar. Para el extranjero será mejor familiarizarse con la sauna en compañía de un amigo o conocido finlandés que observar instrucciones mecánicas donde el placer del baño de vapor se expone como un ritual dividido y ordenado en etapas. Tanto los finlandeses como las finlandesas son aficionados a la sauna, pero la toman juntos sólo en familia. La cultura finlandesa no conoce la sauna pública mixta.
Cuando una reunión de amigos incluye una sesión de sauna, se suele convenir si ellas o ellos entrarán primero. Casi siempre las mujeres toman el primer turno, pues de ellas se espera que preparen un piscolabis para después del baño. Como los finlandeses toman sauna con mucha frecuencia – en sus cabañas varias veces a la semana, quizás diariamente – no se considera extraño que un amigo o familiar se excuse alguna vez. Si en cambio la visita titubea en el umbral del baño de vapor, le conviene recordar que una sauna calentada especialmente para él es el orgullo de sus anfitriones, y que su negativa sólo será realmente comprendida si alega serios motivos de salud.
La manera de tomar la sauna es, por su naturaleza atávica, muy personal, y ningún finlandés puede decirle a otro que lo hace mal. El mismo principio se aplica a los huéspedes: en la sauna cada uno escucha a su propio organismo y sigue su propio ritmo al encaminarse de la cámara de la estufa a las duchas, de la antecámara al exterior, y por qué no al mar o al lago.
Conviene seguir el ejemplo de los demás, evitando las exageraciones. Si algún bizarro finlandés decide mostrar su aguante permaneciendo un período inhumano en una sauna abrasadora, el huésped precavido se deslizará al exterior a beber una cerveza y admirar el paisaje. También puede entregarse desprejuiciadamente a un extraño ritual: La sensación que se apodera del cuerpo humano cuando es azotado en la cámara de vapor por un haz de tiernas ramas de abedul será para muchos una agradable sorpresa y una memorable experiencia.
La «velada de sauna» es relajada. Una vez concluido el baño propiamente dicho, la charla suele continuar acompañada por refrescos y a veces una comida liviana. El forastero hará bien en comentar su experiencia con los anfitriones. Sus preguntas sobre la sauna y su etiqueta serán siempre respondidas amablemente, pues es un tema que nunca llega a cansar a los finlandeses.
La sauna es también uno de los pocos sitios donde el finlandés olvida las presiones de su trabajo y conversa con gusto de cualquier otro tema.