| Hora Santa con Santa Margarita María Esta Hora Santa ha sido redactada por el P. Gérard Dufour, capellán de Paray-le-Monial, siguiendo las palabras de Jesús a Santa Margarita María de Alacoque. “Todas las noches de jueves a viernes, te haré partícipe de la tristeza mortal que tuve a bien sentir en el Huerto de los Olivos. Esta tristeza te reducirá, sin poder tú comprenderlo, a una especie de agonía más dura de soportar que la muerte. A fin de acompañarme en la humilde oración que hice entonces a mi Padre en medio de todas mis angustias, te levantarás entre once y doce de la noche para postrarte conmigo durante una hora, con el rostro en tierra, ya para calmar la cólera divina[1], pidiendo misericordia por los pecadores, ya para dulcificar de algún modo la amargura que sentí en el abandono de mis apóstoles, la cual me obligó a echarles en cara que no habían podido velar una hora conmigo; y durante esta hora harás lo que te enseñe.” (Autobiografía n° 57).  Primer tiempo: “Todas las noches de jueves a viernes, te haré partícipe de la tristeza mortal que tuve a bien sentir en el Huerto de los Olivos”. Jesús, en la noche del primer Jueves Santo, llevas contigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y comienzas a sentir tristeza y angustia. “Mi alma está triste hasta la muerte. Quedaos aquí y velad conmigo” (Mt 26, 37-38). ¿Por qué esta tristeza? Por la traición de Judas y la debilidad de los apóstoles… Por la hostilidad de los jefes y la volubilidad de la turba... Pero no sólo por eso: En muchas ocasiones has sufrido por la falta de confianza de tus amigos -¡hombres de poca fe! (Mt 8, 26)-; también, “apenado por la dureza de corazón de los fariseos” que estaban al acecho para ver si curabas a un enfermo en sábado, les has dirigido una mirada de indignación (cfr. Mc 3, 5); y al acercarte y ver la ciudad de Jerusalén, has llorado por ella diciendo: “¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! Pero ahora ha quedado, queda oculto a tus ojos... porque no has conocido el tiempo en que fuiste visitada” (Lc 19, 41). Además sientes sobre Ti el enorme peso del pecado de la multitud por la que vas a entregar tu vida (cfr. Mt 26, 28), Tú, el “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1,29). Corazón de Jesús, paciente y de mucha misericordia, que has pagado por nuestros pecados, hoy en el mundo, ¿cuáles son las causas de tu tristeza? hoy en mi vida, ¿qué es lo que te entristece? Esta tarde, ¿seré capaz de compartir tu tristeza? (Tiempo de meditación) Canción: Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros. (3 veces)  Segundo tiempo: “Para acompañarme en la humilde oración que hice entonces a mi Padre en medio de todas mis angustias”. Jesús, Tú sabías que para Ti había llegado la hora de pasar de este mundo a tu Padre... la hora en que ibas a amar a los tuyos hasta el extremo (cfr. Jn 13, 1). Así empiezas tu humilde oración: “Y adelantándose un poco, se postró en tierra pidiendo que si era posible, se alejase de Él aquella hora. Y dijo: ¡Abba! Padre, Tú lo puedes todo: aparta de Mí ese cáliz; pero no lo que Yo quiero, sino lo que Tú quieres” (Mc 14, 35-36). Permítenos contemplarte en tu oración: oración humilde y de adoración: te postras en tierra... oración de dolor: si es posible, aparta de Mí ese cáliz... oración filial: ¡Abba! ¡Padre!... oración de confianza: Tú lo puedes todo... oración obediente: pero no lo que Yo quiero, sino lo que Tú quieres... Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, en quien el Padre ha puesto todo su amor, Tú no quieres estar solo en tu oración. Permítenos permanecer Contigo y en Ti. Dígnate, mediante tu Espíritu, continuar tu oración en nuestros corazones. (Tiempo de meditación) Canción: Padre, me pongo en tus manos  Tercer tiempo “Te postrarás... pidiendo misericordia por los pecadores”. Jesús, unos instantes antes de morir, vas a decir: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 34). Tenías fama de acoger bien a los pecadores: “Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada hasta que la encuentra?” (Lc 15, 2-4). “Yo soy el Buen Pastor. El Buen Pastor da la vida por las ovejas” (Jn 10, 11). “No he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo” (Jn 12, 47). “No necesitan médico los sanos, sino los enfermos; no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores” (Mc 2, 17). “Yo he venido para que tengan vida, y la tengan abundante” (Jn 10, 10). Señor Jesús, haznos entender tu sufrimiento ante los pecados de! mundo, tu deseo de perdonar a los hijos pródigos, la alegría que sientes al derramar tu misericordia y al devolver la vida a lo que estaba muerto. Corazón de Jesús, generoso con todos los que te invocan, paz y reconciliación nuestra, ten piedad de nosotros que somos pecadores, derrama tu misericordia en nuestros corazones arrepentidos, danos corazones obedientes y llenos de amor. (Tiempo de meditación) Canción: Vengo ante Ti, mi Señor |