Las Hijas de Nuestra Señora del Corazón de Jesús en Torre Anaz
Estacionada la furgoneta en el parking del Colegio, vinieron a recibir las reliquias el centenar de Hijas de Nuestra Señora con sentidos cánticos, turnándose en llevarlas en procesión por los patios hasta la Capilla de las Mieses. El P. José María Alsina, quien manifestó haber tenido la gracia de haber podido ya venerar las reliquias en la Visitación de Barcelona, y a su paso por Talavera y Toledo, pronunció una cálida plática significando cómo el carisma profético de Santa Margarita María de anunciarnos los designios de misericordia del Corazón de Jesús para con la humanidad de nuestros días era consustancial con la vocación de las presentes, religiosas Hijas de Nuestra Señora del Corazón de Jesús. La Superiora General, Madre Maria Jesús, firmó en el libro de oro de la peregrinación, y fueron llevando la urna en hombros, cantando los tradicionales “Ven Corazón Sagrado” y “Corazón Santo Tú reinarás”, dejándose ver alguna furtiva lágrima de felicidad, hasta el patio del colegio donde se hicieron fotos comunitarias de despedida rodeando las reliquias ya instaladas en el vehículo, comenzó a llover, pero las monjas no se retiraron a cobijo hasta perder de vista en la lejanía a la Santa.
El segundo de los destinos fuera de programa era el Monasterio de Mansión de Paz de las Madres Carmelitas Descalzas de Cabretón, en la Rioja. Cuando la Madre Priora se enteró del paso de las reliquias por Navarra, localizó por el móvil a los dos conductores transportistas, padres de carmelitas ambos, y solicitó su mediación para poder venerarlas. Al recibir la conformidad, la Madre les dijo que cuando se lo contara a las hermanas se oirían los aplausos desde Barcelona. Así debió ser.
Aunque el desvío era considerable, se llegó, a las 4 de la tarde, sin parar a comer, a Cabretón, aparcando el vehículo frente a la entrada del Convento para que al abrir la puerta las religiosas pudieran ver como estaba decorado por dentro para dar la máxima dignidad a las preciadas reliquias que contenía la urna. Tras unas breves explicaciones sobre su contenido e historia, la acogieron emocionadas, y entre fervientes cánticos la introdujeron en el interior de la clausura, cerrando sus puertas a nuestros ojos curiosos, no sin antes pedirnos la cámara digital para poder hacer ellas sus fotos de recuerdo del acontecimiento. Mientras tomábamos un bocadillo con leche de vaca del establo del convento, oíamos lejanos los melodiosos cánticos con que las carmelitas celebraban la visita de la Santa en su capilla. Transcurría el plazo asignado, una hora, y seguían oyéndose los cánticos, pero la santa no salía, por lo que, haciendo sonar repetidamente la campana del torno, hubo que interrumpir sus arrebatos de alegría, recordándoles que debíamos estar a las seis y media en Pamplona, y que el don de la bilocación, frecuente en altos grados de la mística, a estos pobres emisarios no les había sido aun concedido. Al cabo, oímos los cánticos más próximos, y por fin se abrió la puerta de clausura, apareciendo emocionadas las monjas con las andas, echando pétalos de rosa a las reliquias, que entregaron a los portantes habituales, permaneciendo en la puerta cantando, contemplando como se introducían en el receptáculo del vehículo, y haciendo repicar las campanas hasta perderlo de vista en lontananza. Presurosos, por Valverde Cintruénigo y Corella, nos encaminamos hacia Pamplona.
En Pamplona se había clausurado hace pocos años el Convento de la Visitación, y sus religiosas se trasladaron al de Burgos, por lo que en principio esta ciudad no contaba en el itinerario peregrinante de las reliquias, pero los desvelos de Dª. Rosario Jaurrieta Baleztena y de los miembros de la Guardia de Honor, convencieron al Arzobispo Don Fernando Sebastián para que autorizase la venida de la Santa a la ciudad el ultimo día de viaje, antes de partir de vuelta hacia Francia.
Párroco de San Nicolás y Vicario General de Pamplona
En las proximidades nos esperaba Miguel Ángel Ibero para guiarnos por las calles de la ciudad en plenas vísperas de los Sanfermines, hasta la Parroquia de San Nicolás, que se hallaba repleta de público esperando la llegada de la Santa. Salió a recibirla a la puerta del templo el Vicario General de la Diócesis Don Carlos Aroz con expresa delegación del Sr. Arzobispo, que se hallaba ausente, entrando en procesión con cruz alzada hasta el altar. Tras unas palabras de bienvenida a cargo del Sr. Párroco D. Saturnino Cañardo destacando la importancia y oportunidad de tan consoladora y prometedora visita, y mientras la multitud de fieles en largas colas veneraba las reliquias, se rezó el santo Rosario, y luego concelebró la Santa Misa el Vicario General, asistido de una docena de sacerdotes, agradeciendo en su homilía a Santa Margarita María su visita a Pamplona, que era una llegada de aire espiritual, fresco y puro, en medio del degradante materialismo y corrupción que agobiaba a tantos cristianos en medio de unas fiestas cada vez más paganas. Acabada la santa Misa se marchó en procesión con las reliquias hasta la capilla del Corazón de Jesús ante cuya preciosa imagen el Vicario Episcopal y todos los presentes rezaron la consagración a este Sagrado Corazón. Tras la despedida y veneración final en la puerta de la Iglesia por numerosos devotos, al anochecer se trasladaron las reliquias a la Casa de Ejercicios de Burlada, donde sus religiosas, Esclavas de Cristo Rey las entraron en andas con entusiastas cantos hasta la capilla, venerándolas hasta el comienzo de la Hora Santa y la Vigilia a cargo de la Adoración Nocturna masculina y femenina, y de los miembros de la Guardia de Honor, organizadores de los actos, en un templo abarrotado de fieles hasta el punto que hubo que habilitar el coro alto para ubicar a quienes llegaban ya iniciado el acto, permaneciendo los adoradores hasta el amanecer.