

| Director: Fabián Bielinsky |
| País: Argentina |
| Título original: Nueve reinas |
| Idioma original: Español |
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| Categoría: Ficcion |
| Formato: 35 |
| Tipo: Color |
| Duración: 114 m. |
| Año de Producción: 2000 |
Según los críticos autóctonos ésta es la mejor película argentina de la temporada pasada (cuyo embrión se hizo cine sólo gracias a su triunfo en un concurso de guiones para nuevos talentos, lo que dice bastante del presente económico de la industria argentina). Y supone una gran bocanada de aire fresco en su, actualmente poco alentador, nuevo panorama cinematográfico.
Esta afirmación alude a varios aspectos: es un filme de género (negro, en este caso. Y dentro de éste de la familia de los estafadores, por si ser de género no era bastante inédito). Y, además, es una crítica social, aunque soterrada en un laberíntico rompecabezas que hace de primer plano. He aquí la diferencia importante que tiene con respecto al cine de denuncia explícito que, según la prensa especializada, ha echado al público de las salas.
Ricardo Darín y Gastón Pauls comandan la nómina de actores de esta aventura, un gran guiño de Bielinsky que comienza con el encuentro fortuito de dos estafadores que, a partir de entonces, deciden unir sus fuerzas por un día, a ver qué pasa. Inesperadamente incluso para las más soñadoras expectativas, les surge un negocio urgente, inmediato e irrenunciable.
El devenir del asunto nos enseña todas las capas del hampa urbano, un club que convive con sus víctimas sin que éstos sepan de su presencia nada más que en ínfimas proporciones, comparándolas con el avispero real pero invisible que les acecha.
Como si de una enorme muñeca matriushka se tratase, las enseñanzas de "Marcos" (Darín) a su joven e inexperto colega "Juan" (Pauls), se asemejan según corren las horas más y más a lo que es la realidad. Y el punto de mira apunta cerca del entrecejo del meollo.
El espectador disfruta, engañado sin saberlo, del decisivo día de trabajo conjunto de la pareja ladrona de hecho. Sólo al final del embrollo, el habitante de la butaca sabe que fue también parte contratante del argumento. La razón por la cual el desenlace nos explica el por qué de todo es que si no nuestros ojos mirarían la pantalla con compadreo, y la virginidad del aforo necesita ser idéntica que la de parte de los protagonistas. Es la regla de este juego inspirado en las estructuras del cine clásico tanto como en la destreza de Houdini.




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