Mito de la creación de la
Unión Neopagana Venezolana
Original de Odín Denova S. (Juan Carlos Peraza). Prohibida su reproducción total o parcial salvo que se tenga la autorización expresa y por escrito del autor.
- I -
Eran las ocho de la mañana y ella estaba contenta porque todo saldría según había planificado. Hizo un entrenamiento de supervivencia durante dos fines de semana, y se consideraba preparada para realizar sola el ascenso a la montaña.
Tenía un poquito de miedo porque no llevaba reloj, brújula, ni alimentos, pero así lo había decidido: ir sin nada para meditar en silencio, contactar las energías elementales y auto-iniciarse.
Empezó a subir, disfrutando del paseo, se encontró con varias personas que la saludaron con sonrisas, pero nadie le preguntó nada.
Se detuvo e intentó sentarse en un claro, mientras a lo lejos veía Caracas, pero sintió que no era apropiado para meditar, porque alguien podría interrumpirla. Mejor sería buscar un sitio donde la gente no hubiera dejado su huella ¿habría cerca un lugar así? Decidió explorar entre los árboles, buscando un sitio más íntimo.
Recordó que le advirtieron que tuviera cuidado, y que no se alejara de las veredas; pero estaba segura que todo saldrían bien, así que siguió caminando entre las sombras, contemplando la hermosa naturaleza, escuchando los sonidos, perdiendo conciencia del tiempo.
Miró al cielo buscando adivinar la hora, y se percató de nubes oscuras. Se entristeció porque al parecer no iba lograr lo que quería. En ese momento, se dio cuenta de que no sabía donde estaba.
¿Habrían pasado horas o minutos desde que se apartó de la caminería? Entendió que estaba perdida en El Ávila, sola, sin provisiones, y bajo un cielo que amenazaba con lluvia.
Intentando no desesperarse, observó a su alrededor y a lo lejos vio un claro entre los árboles. Caminó hacia el lugar, y descubrió un riachuelo que bajaba de la montaña y se perdía entre unas piedras, desapareciendo en la tierra.
Tomó un poco de agua y se sentó a llorar... estaba muy cansada, se recostó en la hierba, cerró los ojos. Con sonido del agua se quedó dormida, y empezó a soñar.
- II -
Había tanta luz que casi no podía abrir los ojos, parecía estar saliendo de un lugar oscuro, y encontrándose con un extraño resplandor.
Cuando sus ojos se acostumbraron a la claridad observó frente a ella una cueva, con las paredes cubiertas de cuarzo blanco en donde la luz se reflejaba y amplificaba, creando millones de pequeños arco iris que la invitaban a entrar. Era como un portal mágico hacia lo desconocido.
Lentamente, entró en la cueva, y habiendo recorrido trece pasos, se encontró en un salón circular. A diferencia de la resplandeciente entrada de la cueva, aquí estaba oscuro, salvo en el centro, donde había una persona, sentada en un trono de piedra. Era impresionante el contraste de las sombras con la única luz que bajaba desde un agujero en el alto techo de la cueva.
Se fue acercando, escuchando sus propios pasos, y descubrió que quien allí se encontraba, era una mujer de edad indescifrable, piel blanca, cabellos negros y labios rojos, vestida de blanco y con una capa brillante.
En la medida que siguió acercándose, sus emociones estallaron al sentir que estaba en presencia de la Diosa. Sin poder evitarlo de sus ojos empezaron a salir silenciosas lágrimas.
Continuó caminando lentamente y aunque no podía ver con claridad. Llegó frente a la Señora y se arrodilló.
Sin mediar palabras, la Diosa la abrazo, y dejó que se recostara en sus piernas mientras le acariciaba los cabellos, como si fuera una niña pequeña. Empezó a escuchar una dulce melodía, sin palabras, solo con sonidos armónicos que inundaron la cueva, repitiéndose en un eco que parecía infinito.
Después de unos minutos, que parecieron horas, se levantaron las dos, la Diosa le colocó una mano sobre la frente y le dijo "Bendita seas".
Intentaba ver mejor a la Señora, pero su rostro era tan luminoso que no podía distinguir el color de sus ojos... lo único que pudo detallar ahora, fue la capa de la Diosa, de un color azul oscuro, casi negro, toda bordada con pequeños cristales.. Era como si la noche estrellada se hubiera materializado en un hermoso manto.
La Señora dijo: "Quiero pedirte algo. Tengo que ayudar a la gente de este país, pero para unir sus corazones mi caldero necesita tres patas que debes encontrar."
Ella preguntó dónde encontrar lo que le pedía, pero solo escuchó: "Debes estar atenta... tres símbolos encontrarás y sabrás que hacer. A través de ti fluirán mis palabras. Debo decirte, que quienes te conozcan te olvidarán, de lo contrario querrían seguirte para estar conmigo, abandonando a sus hermanos y olvidando que juntos deben trazar un camino donde todos puedan reencontrarme y reencontrarse consigo mismos, pero jamás estarás sola porque serás una conmigo desde ese momento y para siempre."
La Diosa la abrazó. Ella cerró los ojos y todo fue oscuridad.
- III -
Despertó y miró al cielo, había pasado mucho tiempo desde que se quedó dormida.
Miró a su alrededor y todo parecía diferente, pequeñas chispas de luz se reflejaban por todas partes, parecía que la naturaleza le sonriera.
Nuevamente tomó agua del río, y empezó a andar, intentando volver sobre sus pasos. Caminaba lentamente, como si algo la guiara interiormente.
En ese instante, vio que una sombra se le cruzaba adelante, pasando de derecha a izquierda. Parecía ser un animal, que se detuvo justo en frente, a unos trece pasos de ella.
No podía creer lo que veían sus ojos... sin dudas, era un lobo!!!
Bueno, quizás era solo un perro. Aún estaba conmovida por el sueño, y además perdida y asustada... por otro lado, pensó que no había lobos en El Ávila. Pero no estaba muy convencida y el animal seguía allí.
El tiempo se alteró para ella, a pesar que debía ser mediodía, parecía más bien medianoche, por una fría sensación de tierra húmeda que le llegaba hasta los huesos.
Después de unos segundos el animal, sin acercarse a ella, simplemente siguió su camino. Estaba paralizada ¿habría sido una visión? Como seguía perdida, pensó ¿sería un mensaje para ayudarla a salir?
A pesar del miedo decidió confiar en su intuición, así que siguió por el mismo camino que el Lobo había trazado entre los árboles, como un delgado túnel vegetal, verde y brillante.
Caminó un rato y se dio cuenta que efectivamente, estaba saliendo del bosque.
Llegó a un gran claro que parecía amigable y miró al cielo. Ya no había nubes, solo un intenso azul. Tan azul que parecía pintado. Era tan sobrecogedora la sensación después de haber estado entre las sombras, que se acostó en el suelo, únicamente para sentirse bañada de azul.
- IV -
Se levantó y caminó como un kilómetro o dos, subiendo hasta llegar a un lugar desde el cual pudo divisar el Hotel Humbolt, cerca de las instalaciones del teleférico. A diferencia del paisaje natural, que para ella seguía brillando intensamente, ahora se acercaba a una estructura opaca y estática. Pero había algo que se movía cerca del Hotel, que llamó su atención.
Parecía un inmenso pájaro danzante, lleno de colores, pero se trataba de la bandera de Venezuela, la misma que había visto tantas veces en el teleférico, pero desde acá no estaba vieja y rota, lastimada por el abandono, sino destacándose, moviéndose rítmicamente por el viento, reflejando los rayos del sol, y mostrando el equilibrio de sus colores intensos, amarillo, azul y rojo.
Llegó hasta el Hotel, se paró un rato al lado de la bandera, observando nuevamente sus colores y fijándose en las siete estrellas que desde niña llamaron su atención. Recordó que una vez le dijo a su mamá que estaba contenta, porque en la escuela aprendió que había nacido en un empezó con siete estrellas, y que por lo tanto ella era hija de las estrellas.
Ahora, con sus ojos paganos, lo que veía en la bandera eran siete pentáculos dispuestos en medialuna, o quizás en un medio círculo a la espera que alguien lo cerrada colocándole nuevos pentáculos.
Se dio cuenta que era tarde y que este día había tenido demasiadas emociones para ella. Pagó su pasaje para bajar a la ciudad. Se montó sola en la pequeña cabina, y su mente empezó a repasar lo sucedido, recordando claramente la petición de la Diosa.
Descendía observando Caracas, una ciudad llena de gente con tantas necesidades. No entendía mucho lo de los símbolos que debía buscar, perderse y tener un encuentro en sueños, no era suficiente. Además, no podía apartar de su mente al lobo ¿real o imaginario?, luego aquella sensación del azul profundo del cielo, y finalmente la bandera de Venezuela... Lobo, Azul, Venezuela... con esas palabras llegó a la ciudad.
- V -
Se levantó tarde después de haber dormido muchas horas, la experiencia del día anterior había sigo agotadora. Encendió su computadora para leer su correo que estaba lleno.
Pertenecía a tres comunidades paganas, Wiccanos Venezolanos, Wicca Azul y Lobos de Medianoche... en ese momento se dio cuenta, era notable la semejanza con las palabras que le resonaban...
Supo que tendría que hablar con los administradores, les contaría lo que vivió y ellos entenderían que debían unirse para trazar un camino... luego ellos despertarían con una idea en mente, sabrían que alguien les había comentado algo, pero no recordarían quien.
Semanas después se enteró que todo había pasado según imaginó, la unión ya era un hecho, iniciándose un movimiento que en su momento daría frutos.... estaba un poco triste porque dejaría a sus amigos y se convertiría en una bruja solitaria que debería guardar muchos secretos, pero sonrió... alguien la esperaba para trasmitirle toda la magia y la sabiduría, para estar y ser una con ella, desde ahora y para siempre.
Odín Denova S.
Original de Odín Denova S. (Juan Carlos Peraza). Prohibida su reproducción total o parcial salvo que se tenga la autorización expresa y por escrito del autor.