
Ocurrió un día caluroso de verano, el sol brillaba sobre el cielo despejado. Entre el sonido de las gaviotas volar sobre el agua, los cangrejos entre la arena y la soledad de aquella playa, te declaraste. En el mismo instante en que nuestros labios se rozaron, sentí como te alejabas poco a poco.
Al llegar la noche, no pude dormir. Recordaba tu sonrisa, tu mirada y cada una de tus palabras, que me decían cuanto me querían. Cada segundo contigo era una aventura peligrosa, que terminaba en un tierno beso. Quise que los días se detuvieran, y tu sonrisa jamás se marchitase.
Éramos jóvenes e inocentes, soñábamos con la felicidad y vivíamos del amor. El dolor y el sufrimiento pertenecía a otro mundo que los dos desconocíamos.
A veces me cuestionaba si nuestro amor era real, o tan solo un juego creado por dos niños ingenuos. Cuando te expliqué aquel sentimiento, tan solo me miraste fija y tiernamente. Tu mirada me confesó que ese mismo sentimiento albergaba en ti.
Pero la distancia… ¿Que peor enemigo?
Los días pasaban, rápidamente. Pronto llegó el otoño, y con el la despedida. Jamás pensé sentir tanto dolor. En aquella playa, al anochecer del último día y entre una leve brisa, besaste mis labios. Me prometiste que regresarías al cabo de un año, para no marchar jamás. Sonreí tímidamente, mientras veía tu cuerpo alejarse, deseando poder retenerte entre mis brazos. Te llevaste mi sonrisa, junto con mi corazón.
De nuevo llegó la ansiada estación. Durante todos y cada uno de los días en el que el sol abrasador brillaba, te esperaba sentada entre la arena, mientras mis pies se mojaban por el agua salada del mar. Temí que jamás cumplirías tu promesa. He de confesarte, que nunca quise pensar ni un solo instante en esa torturota idea, pero la tristeza se apoderaba de mí.
Habían pasado ya seis largos años. El cielo estaba oscuro, a punto de llover. A lo lejos, junto a la orilla vi una silueta, mirando las olas romperse. Mis ojos se empañaron y no pude retener las lágrimas. Corrí hacia él, gritando tu nombre. Él se volteó y mi mundo se derrumbó al saber que tú no eras aquel muchacho.
Un mar de dudas me abruman cada día, y frente al espejo ensayo lo que debería decirte cuando regreses. Aún recuerdo cada detalle de tu cara y tu dulce aroma, como si fuese hace tan solo unos minutos cuando prometiste volver.
Mi cuerpo y mi mente han madurado, pero pese a eso, mis sentimientos siguen siendo tan inocentes y sinceros como el corazón que un día te llevaste.
Segundo tras segundo espero ansiada tu llegada. Se que algún día volverás con una rosa, al igual que el día que nos conocimos. Me besarás e inventarás una sencilla excusa por haber llegado tarde.
Por que el tiempo pasa, deprisa… tan solo una mirada al pasado y la eternidad crece
Algún día no muy lejano… regresaras para abrazarme con tus cálidas manos. Poco a poco el tiempo pasa, y ese día pronto llegará. Yo ansiada, lo sigo esperando
Pero no quiero creer que no regresarás, pues vivo de esa esperanza… porque…
…te quiero demasiado…
Fin
Autora: Xiaoyu (xiaoyu_chan@hotmail.com)