|  Pocos acontecimientos pueden afectar tanto a nuestra vida como la muerte de un ser querido especialmente si es un hijo o una hija que es carne de nuestra carne. Son muchos los que encuentran dificil hablar de la muerte y controlar las emociones que la acompañan. La sabiduria convencional aconseja a los que siguen viviendo que nos "mantengamos ocupados, que no consideremos la pérdida y rehuyamos este pensamiento ". Puede que nos encontremos comportándonos asi.Puede que dudemos de nuestra fortaleza de caracter y de nuestro equilibrio si no volvemos rapidamente a lo "normal". Pero la sabiduria convencional se equivoca. Todos los sentimientos que nos embargan ante la perdida de un ser querido merecen nuestra atención. Son aperturas importantes hacia una mayor toma de conciencia de nuestras relaciones, de nuestras necesidades, del sentido de nuestra vida, del misterio del amor de Dios, eso requiere tiempo y son tambien pasos que vamos dando hacia nuestra recuperación, porque el camino no es hacia afuera sino a traves de, permitiéndonos solamente experimentar tristeza podremos sobreponernos a ella, más allá, no, hacia nuestro antiguo modo de ser o a lo que antes era "normal"; no, a la negacion de la herida; no, hacia el resentimiento y la amargura. Más allá, hacia la plena integración de la pérdida en nuestra vida, hacia una nueva comprensión, hacia una finalidad renovada, hacia una espiritualidad mas profunda, hacia un renacimiento. La tristeza es dolorosa y exigente. Pero provoca la sanación profunda y transformante. Contra la tristeza tenemos la esperanza que nos indica el camino y nosotros conforme a esta esperanza que está basada en la promesa del Señor esperamos cielos nuevos y tierra nueva. Por eso hermanos y hermanas, mientras esperamos estos acontecimientos, procuremos que Él nos encuentre en paz, tengamos paciencia en la espera con la seguridad de que es una opoprtunidad que nos hará ganar el cielo y estar para siempre con el "Amado", con nuestros hijos o hijas y todos nuestros seres queridos que se adelantaron en regresar a la casa del Padre.
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