| "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida " Jn 14,6 ~ Hijo del hombre; Hijo de Dios ~ La verdad sobre Jesucristo es un profundo misterio que se nos ha revelado. Ninguna palabra o título por si solo puede abarcar el misterio y por eso las Sagradas Escrituras usan muchos títulos para Jesucristo. Hijo del Hombre: es el título usado con más frecuencia en el NT para referirse a Jesucristo (82 veces). Todas menos una (Hechos 7, 56) en los Evangelios. Se trata de un título mesiánico que aparece en el Antiguo Testamente en Daniel 7, 2-14. A la luz del Nuevo Testamento comprendemos que este título identifica la trascendencia celestial del Salvador y al mismo tiempo enfatiza su humanidad. Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre. Jesús usó frecuentemente este título para referirse a sí mismo. Los Santos Padres comentan que al Jesús usar este título manifiesta su humildad y también es una referencia a si mismo como el Hombre Nuevo, el Nuevo Adán. Hijo de Dios: Se refiera a la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, que se hizo hombre para entregar su vida por nuestra salvación. Se refiere a Jesucristo, quien es el verdadero hijo natural de Dios. Así lo testifica El Padre en el bautismo de Jesús (Cf. Lc 3,22) y lo dice San Pablo (Cf. Hebreos 1,1-2). Este título enfatiza la divinidad de Jesús. Es cierto que todos los bautizados somos hijos de Dios pero solo Jesús es Hijo por naturaleza. Nosotros lo somos por adopción. Cristo vino, Cristo vendrá por segunda vez, Cristo está entre nosotros: 1- Primera venida: La Encarnación. La llegada del Mesías esperado por el Pueblo de Dios, los Israelitas. Jesús llega en humildad cuando se esperaba una venida gloriosa. Recordamos la expectación de Israel y de toda la Humanidad. Es la esperanza del comienzo del Reino de los Cielos para cumplimiento de todas las promesas. Nos preparamos para la conmemoración del nacimiento histórico de Jesús que fue hace 2000 mil años. El es el centro de la historia, por El se mide el tiempo. Sus palabras y su vida nos traen salvación. Por nuestra respuesta, El mismo juzgará los corazones de todo hombre. La promesa de la primera venida: Miqueas 5, 1-4 1 Mas tú, Belén Efratá, aunque eres la menor entre las familias de Judá, de ti me ha de salir aquel que ha de dominar en Israel, y cuyos orígenes son de antigüedad, desde los días de antaño. 2 Por eso él los abandonará hasta el tiempo en que dé a luz la que ha de dar a luz. Entonces el resto de sus hermanos volverá a los hijos de Israel. 3 El se alzará y pastoreará con el poder de Yahveh, con la majestad del nombre de Yahveh su Dios. Se asentarán bien, porque entonces se hará él grande hasta los confines de la tierra. 4 El será la Paz. 2- Cristo entre nosotros: La Eucaristía. Jesús está vivo y nos visita en cada Eucaristía. Nos preparamos para su llegada en cada Misa. Solo con El podemos caminar hacia la meta y preparar Su camino. El es el Camino, la Verdad y la Vida. No estamos hablando en poesía. Jesús en verdad viene y vive en el corazón de los creyentes. Promesa de la venida intermedia: Mateo 28, 18-20 18 Jesús se acercó a ellos y les habló así: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. 19 Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, 20 y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.» 3- Segunda venida: La Venida Gloriosa, final de la Historia. También nos preparamos para su venida gloriosa que marcará el fin de la historia. No sabemos cuando será, pero ciertamente vendrá. Debemos preparar el camino propagando Su Reino, es decir, dando a conocer a Jesucristo con nuestro ejemplo y también dando razón de nuestra fe. Nos prepararnos por medio de la conversión, de la meditación de la Palabra, la recepción de los sacramentos, la práctica de las virtudes, en especial la caridad. La preparación es personal pero además tiene carácter comunitario. Dios quiere que seamos y actuemos como Su Pueblo. Por eso la importancia de la familia y la Iglesia en la preparación. "Cuando empiecen a cumplirse estas cosas, levantad vuestras cabezas, pues estará próxima vuestra liberación." Las vestiduras litúrgicas de adviento son moradas. No se recita el "Gloria" hasta el día que nace el Señor. Promesa de la Segunda Venida: Apocalipsis 21,1-4 1 Luego vi un cielo nuevo y una tierra nueva porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar no existe ya. 2 Y vi la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto a Dios, engalanada como una novia ataviada para su esposo. 3 Y oí una fuerte voz que decía desde el trono: «Esta es la morada de Dios con los hombres. Pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo y él Dios - con - ellos, será su Dios. 4 Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado.» ¿MURIO DIOS EN LA CRUZ? Si reconocemos que Jesús murió en la cruz y que El es Dios, ¿podemos decir que Dios murió en la cruz? Si, es correcto decir que Dios murió en la cruz. Pero hay que entender bien para no caer en el error de pensar que Dios dejó de existir o fué disminuido. La Iglesia enseña que "la naturaleza humana de Cristo pertenece propiamente a la persona divina del Hijo de Dios que la ha asumido. Todo lo que es y hace en ella pertenece a "uno de la Trinidad" -Catecismo #470 La segunda persona de la Trinidad asumió la naturaleza humana de manera que todo lo que le ocurre a Jesús (nacer, sufrir, morir, etc) se le atribuye a su persona que es divina. Hay una verdadera unión. Así lo enseña el Catecismo: "... todo en la humanidad de Jesucristo debe ser atribuido a su persona divina como a su propio sujeto... no solamente los milagros sino también los sufrimientos y la misma muerte" Catecismo #468. Ejemplo: Jesús nace de María, por lo tanto Dios nació de María. Por eso ella es Madre de Dios. Sabemos que Dios existe eternamente y no comienza a existir hace 2000 años. Pero si comienza a ser hombre hace 2000 años. Igualmente la Iglesia enseña que Jesús murió en la cruz y como la persona de Jesús es divina, Dios murió en la cruz. "Oh Cristo Dios, que por tu muerte has aplastado la muerte" (Tropario, citado en el Catecismo # 469) Cuando muere el hombre decimos que muere la persona. No quiere decir eso que la persona deja de existir, sino que llega el fin de la vida terrenal. El error está en equiparar morir con dejar de existir. |