El desequilibrio en la vida matrimonial, es consecuencia del pecado original, la desobediencia a Dios.
La mayoría de los fracasos en el matrimonio se deben a que es muy diferente el amor en el hombre que en la mujer:
La mujer se da toda al ser amado.
El hombre espera todo de la que ama, pero no está dispuesto a darse.
La mujer es de aquel a quien ama.
El hombre es de sí mismo.
La mujer se da cuenta de esta diferencia en el amor después que ha sufrido mucho y viene la "desilusión".
El hombre se "desilusiona" cuando la mujer se ha dado toda, porque ya no tiene más que esperar de ella. Entonces es cuando la mujer, estando en sí misma, "abre los ojos" y comprende que ella se dio toda, pero él sólo recibió.
Mientras el hombre no esté totalmente en Dios habrá muchos fracasos en el matrimonio, pues, no está cumpliendo la misión para la cual fue creado: para amar y servir a su Creador, su verdadero y único Ser.
La mujer cumple su misión dándose toda al hombre, pues fue creada para ser su "ayuda" y en él encontraría a Dios, si el hombre no estuviera fuera de él, y en Dios, su Ser, se realizarían los dos. Esto sería lo perfecto.
Cuando la mujer es superficial y vana, se vuelve egoísta y cuando se desilusiona toma la misma actitud que el hombre, esclaviza a éste o sigue buscando otra ilusión sin encontrar jamás la felicidad.
Cuando la mujer profundiza se abraza a la cruz, ve por encima del hombre su misión de esposa y madre; entonces ella llega a Dios y encuentra la felicidad.
Mientras el hombre esté en sí mismo la mujer hará mejor en no casarse, pues ella sola llega primero a Dios. Pero si estando en Dios, El mismo la une por el amor a un hombre, es distinto porque mira a Dios por encima del hombre y es a El a quien se entrega; Dios hace esta unión para "atraer" al hombre, porque a él solo le sería muy difícil llegar a Dios por haber caído en el pecado más profundamente que la mujer por su posición más elevada -- el hombre estaba en Dios y descendió de Dios con el pecado hasta la tierra de donde fue sacado, la mujer estaba en el hombre y en el hombre se quedó con el pecado --. Por eso el hombre necesita concretar su amor en alguien que esté más cerca de él y al mismo tiempo más cerca de Dios para que el amor tenga esa fuerza elevadora que arrebate el corazón del hombre de la tierra.
Cristo, encarnándose virginalmente en una mujer, María, "sacó" a "la mujer" del "hombre" para llevarla a Dios. Ahora Dios envía a "la mujer" para sacar "al hombre" de la tierra. Es como una nueva creación que ha realizado Cristo, la actividad de lo Divino, en María. Pero si "el hombre" no asciende hasta Dios con "la mujer" entonces ella se queda con Dios solo, y el hombre seguirá "buscando" sin saciarse jamás.
San Giovanni Rotondo, Italia, 2 de marzo de 1966.