Padre e hijo:Protagonistas de una historia imaginaria.

Felipe Colombo y su padre Juan Carlos Colombo, actúan juntos por primera vez en "No te preocupes, ojos azules", que se estrenó en Ciudad Cultural Konex, una obra escrita por el autor mexicano Sergio Zurita que propone un encuentro imaginario entre Kurt Cobain y Frank Sinatra, antes del suicidio del líder de la banda de rock Nirvana.
A primera vista son pocos los puntos en común que pueden tener estos dos exitosos artistas estadounidenses, pero la pieza logra trascender los límites de realidad e inventar un encuentro cargado de momentos de complicidad, tensión y compasión entre dos hombres aparentemente distintos pero dueños de un pasado hostil que los persigue.
El cuento comienza cuando Cobain -interpretado por un Felipe Colombo muy bien caraterizado- está a punto de quitarse la vida luego de inyectarse heroína y escribir una carta suicida. Antes de apretar el gatillo de su escopeta, Frank Sinatra (Juan Carlos Colombo) irrumpe en la mansión de Seattle cantando "The best is yet to come" ("Lo mejor está por venir") y con un vaso de whisky en la mano.
A partir de entonces todo puede ocurrir en esa noche del 5 de abril de 1994, y de a poco lo inverosímil de la situación pasa a otro plano: Sinatra o su fantasma quiere impedir el suicidio de Cobain cueste lo que cueste.
Es en ese vano intento donde se cruzan dos referentes de diferentes generaciones y contraponen su mirada sobre el mundo.
A "No te preocupes..." se la puede acusar de ostentar una trama pasatista o liviana, pero lo cierto es que logra mantener atento al espectador desde el principio hasta el final, ya sea por el interés natural que despiertan los personajes en cuestión o por la conexión peculiar que el autor teje entre ambos.
En esa charla -descolorida a causa de la utilización de un castellano neutro- ambos descubren que tuvieron padres tan agresivos como ausentes, que ambos se enamoraron de mujeres "locas" (por Courtney Love y Ava Gardner), que sufrieron de fuertes adicciones y que ambos son dueños de "ojos azules" (así lo llamaba su padre a Cobain en honor al mismo Sinatra). Pero mientras Frank disfruta de los placeres que le dio el éxito y de la buena vida, algo que se vislumbra en su voz aterciopelada y en su impecable smoking de Armani, Cobain reniega de la gigante casa que tiene y prefiere dejar de existir antes que ganar Grammys, y llegar a grabar un tema con su hija (como la hizo Sinatra con su hija Nancy).
Más allá de la debilidad y sensibilidad que le sale por los poros a Cobain y de la coraza que Sinatra necesita para enfrentar el escenario, la fama y sus vínculos con mafiosos y poderosos, lo que manifiesta la pieza es un lugar de oscuridad que ninguno de los dos puede esquivar: el miedo a la soledad. Pese al parecido físico, la rozagante imagen de Felipe Colombo le resta peso al drama de un hombre atormentado que termina suicidándose a los 27 años, pero la química que genera en escena junto a su padre alcanza para contar una historia entretenida que reúne a dos exponentes de la cultura occidental.