Luisana y Mariano  El misterioso horizonte que se vislumbraba desde el muelle escondía un paisaje de ensueño tras el velo de la noche. Sobre el rústico embarcadero de hormigón, Mariano Martínez (27) y su novia, Luisana Lopilato (18), aguardaban la lancha que los llevaría hasta la paradisíaca isla de CARAS. La marea baja dificultaba el acercamiento de la embarcación, entonces, el añoso barco “Tinhoso” tuvo que hacer de puente para alcanzar la veloz “Venture”. Una vez sobre ella, compartieron la adrenalina de surcar un mar invisible; aunque su destino era certero: el lugar que habían visitado un año atrás. Justamente allí se conocieron, cuando era imposible imaginar que pronto descubrirían el amor. La pareja llegó al paraíso privado de CARAS para grabar algunas escenas de la nueva novela producida por Cris Morena Group, “Alma Pirata”, que se emitirá a partir de marzo por la pantalla de Telefe. Es la primera vez que Mariano y Luisana actúan juntos y, sin dudas, es una experiencia muy especial teniendo en cuenta los sentimientos que los unen. “Con Luisana separamos el trabajo de nuestra relación. Nos llevamos bárbaro, nos divertimos mucho y también nos respetamos. Ella es una buena compañera y una excelente actriz”, confesó el actor.  Ambos se conocieron un año atrás en la isla de Angra dos Reis. Una fiesta de “capoeira electrónica” mezclaba el sonido de los tambores, el pandero y el característico berimbau —un palo con alambre, calabaza y canastillo de semillas—, con las bandejas de un DJ. Siguiendo ese alegre ritmo los actores entraron en el bello juego de la seducción. “Pegamos muy buena onda de entrada pero no estoy de novia con él”, explicaba ella por aquel entonces y, al mismo tiempo, confesaba: “Quiero un hombre que me trate bien, que sea cariñoso y dulce. No me gusta que me hieran ni que me rompan el corazón”. Su deseo se concretó con la naturalidad mágica de la bahía de Angra. Martínez parecía ser el candidato perfecto. “De tan apasionado que soy puedo llegar a perder la razón”, dijo en su momento. Hoy por hoy su relación ya se formalizó, tanto que a fines del año pasado se comprometieron. Dos anillos de plata fueron el símbolo que selló su amor. Y un año después de conocerse la energía irresistible de la isla de CARAS los unió nuevamente. Un grupo de veinte personas entre sonidistas, camarógrafos, productores, directores y asistentes llegó junto a ellos para desplegar un verdadero escenario cinematográfico sobre la vegetación virgen de las increíbles y desérticas playas del lugar. Las jornadas de grabación comenzaban cerca de las ocho de la mañana y duraban hasta la caída del sol, minutos después de las siete de la tarde. La ficción da vida a tres piratas modernos unidos por un trágico pasado, la muerte de sus respectivos padres, y por una misión en común: encontrar una valiosa esmeralda y vengar la memoria de sus progenitores. Martínez, Benjamín Rojas y Fabián Mazzei encarnan a tres amigos que viven aventuras singulares. Una historia de hombres de mar, peleas y un condimento infaltable: la belleza de Luisana Lopilato, Isabel Macedo y Elsa Pinilla. “Para mí es un placer grabar al lado de Benjamín y de Fabián, con quien ya había trabajado en `Campeones´. Hay muy buena química entre nosotros. Fue bárbaro venir a la isla porque el contexto nos ayudó a meternos en la piel de nuestros personajes. Es una experiencia única filmar en este lugar; en cuanto hay un cambio de cámaras podemos disfrutar de la playa”, comenta Martínez.  Las tomas comenzaron por la mañana y tuvieron como protagonistas a Mariano y Luisana, quienes fueron los primeros en llegar a la isla. “Mi personaje se llama Benicio y es un estafador. Es un tipo más bien cerrado, y metido para adentro, y un poco malhumorado. Tiene amor por el mar, la esgrima y la espada, algo que heredó de su padre”, cuenta él. En las escenas que se grabaron en la playa “Das Amondeiras” —llamada así por los típicos árboles que recortan el lugar—, Benicio y Allegra, el personaje que interpreta Lopilato, se descubren en una isla, luego de naufragar y estar durante días en mar abierto. Perdidos y sin rumbo, la pareja comienza a vivir diversas aventuras de sobrevivencia, siempre condimentadas por ásperas discusiones. “Allegra no tiene miedos y, al ser la única mujer que sabe de esgrima y Kung–fu, pelea sola contra los hombres”, explica Luisana. Su figura esbelta recortada en medio de una vegetación virgen rememora a la belleza adolescente de Brooke Shields en la película “La Laguna Azul” (1980), en donde la actriz norteamericana vivía un intenso romance en una isla perdida. Para acceder a los espectaculares escenarios naturales donde se grabó “Alma Pirata”, la pareja se trasladaba en una lancha de CARAS y, a su lado, un crucero cinco estrellas transportaba el equipo técnico. Un jet ski servía de apoyo. Por momentos, el oleaje del lugar dificultaba el descenso de las embarcaciones. Entonces, debían utilizar la moto de agua para llegar a tierra firme y preparar la locación. Una vez que todo estaba en orden, Mariano y Luisana comenzaban a grabar. Acción, humor y sensuales escenas condimentaban una tarde a pleno sol. En los descansos, ambos conversaban a solas y repasaban juntos los diálogos de las próximas tomas. A la hora del almuerzo respetaban sus estrictas dietas. El menú cotidiano para ellos era ensalada de tomate, lechuga y mozzarella de búfala. Como opción extra, Martínez pidió en algunas ocasiones que se le agregara pollo. Pero ni un ingrediente más. Los dos dedican especial atención al cuidado de sus cuerpos. Desde Buenos Aires, él llevó a la isla 30 kilos de pesas, ya que no quería interrumpir el intensivo entrenamiento físico que sigue con su preparador, Tuta Trainer. “Corro y hago un poco de fierros, aunque últimamente realizamos algunos ajustes a la rutina porque para la esgrima hay que estar más bien suelto. Se trata de lograr la mayor agilidad posible”, cuenta él. Su novia también cumple un estricto plan. Por la mañana trabaja con su entrenador personal y a la tarde suele asistir a “Figurella”. Antes de comenzar las grabaciones, igual que los demás integrantes del elenco, la pareja tomó clases de esgrima con Diego Mariani, un experto en el deporte. Durante el rodaje hay diversas escenas donde utilizan floretes. El actor explica: “Por eso, era indispensable que hubiera confianza entre nosotros. En la esgrima es preciso estar concentrado porque si no, podés sacarte un ojo”. Dentro de las extenuantes jornadas de grabación también hubo lugar para la diversión. Entre toma y toma, Mariano y Luisana aprovecharon para refrescarse en el mar. También representaron algunos momentos hilarantes, como cuando él tuvo que realizar un desnudo. El actor arremangó sus boxers hasta que adquirieron el tamaño de una sunga brasileña y luego cubrió su pelvis con una gran hoja que encontró en el lugar. Esto provocó carcajadas unánimes en el equipo de grabación. Ciertas escenas requerían un gran trabajo de producción y, sobre todo, una improvisación constante por la falta de algunos elementos. Una caña de bambú se transformó en una lanza, con la que Mariano simuló cazar un pez, que luego cocinaron en una fogata improvisada. Durante la mayor parte del tiempo la pareja mantuvo una actitud profesional, priorizando su relación como compañeros de trabajo. Pero esas barreras invisibles por momentos cedían, ante la tentación de ese romance tan fuerte como difícil de ocultar. Conversaciones íntimas, un baño de mar en las cálidas aguas o algún secreto dicho al oído resultaban ser indicios claros de un amor que cada día se afianza más.
|