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LUISA
PICCARRETA

Selección
de
capítulos


Del volúmen 1 al 14


 

LUISA
PICCARRETA

Selección de capítulos
Del volúmen 1 al 14

 

Publicados en español en un libro, con la siguiente
autorización y recomendación del Sr. Obispo
de Atlacomulco, México.
S. E. Mons. Ricardo Guízar Díaz.

 

BREVE NOTA INTRODUCTORIA

El Catecismo en su número 521 nos dice:

"TODO LO QUE CRISTO VIVIÓ HACE QUE
PODAMOS VIVIRLO EN ÉL Y QUE ÉL
LO VIVA EN NOSOTROS".

Y esta es la finalidad de nuestra vida: VIVIR EN CRISTO LO QUE ÉL VIVIÓ, Y QUE ÉL LO VIVA EN NOSOTROS. Todo lo demás: sacramentos, oraciones, ayunos, mortificaciones, penitencias, son MEDIOS para obtener esta finalidad, y, si no lo logran, los reducimos a medios poco fecundos, no los dejamos producir su fruto completo.

Estos escritos de Luisa nos llevan precisamente a este punto: a repetir en nosotros la misma vida de Jesús, y nos llevan porque nos hacen CONOCER lo que VIVIÓ Jesús en su interior. Nos hacen conocer cómo obraba su Voluntad Divina con su voluntad humana, verdadero Dios y verdadero Hombre, y cómo todo en Él quedaba hecho, VIVIDO, en su Voluntad Divina; la cual, obrando junto con su voluntad humana, se hacía depositaria de todos sus actos, y cómo todo en Él quedaba en su Divina Voluntad, en su Divino Querer, esperando que nosotros, viviendo en la Divina Voluntad encontrásemos TODOS LOS ACTOS QUE JESÚS HIZO, TODA SU VIDA, para que se haga Vida nuestra, para que se haga vida de cada uno de nuestros actos.

Es decir, en estos escritos, Jesús nos descubre su interior Divino y humano para que profundicemos, para que conozcamos más LO QUE ÉL VIVIÓ, para que, conociéndolo, lo queramos y lo podamos VIVIR NOSOTROS.

Tomemos por ejemplo este pasaje:

"Hija mía, la verdadera vida del alma hecha en mi Querer no es otra cosa que la formación de su vida en la mía, es dar mi misma forma a todo lo que ella hace.

Yo no hice otra cosa que poner en vuelo en mi Querer Divino todos los actos internos y externos que hacía, ponía en vuelo cada pensamiento de mi mente, el cual, volando sobre cada pensamiento de criatura, hacía corona de cada inteligencia humana y llevaba ante la Majestad del Padre el homenaje, la adoración, la gloria, el amor, la reparación de cada pensamiento creado; y así mis miradas, mis palabras, mis movimientos, mis latidos, mis pasos y todo lo demás. Ahora, el alma, para hacer vida en mi Querer, debe dar la forma de mi mente a la suya, la forma de mis miradas, de mis palabras, de mis movimientos, de mis latidos, de mis pasos, a los suyos. Haciendo así, pierde su forma y adquiere la mía, y no hace otra cosa que dar continuas muertes a ella misma y continua vida a la Divina Voluntad en ella, la Cual repetirá en ella mi Vida con todos los bienes que contiene, con mis mismos modos, con mis mismos méritos, con mi misma Santidad, con mi misma Potencia, etc. Sólo mi Voluntad viviendo en el alma, injerta en ella, en sus actos, todo el bien y la vida de los míos, haciendo con la criatura una sola cosa, una sola Vida, la Mía en ella..."

Así que mientras más conozcamos QUÉ VIVIÓ CRISTO, MÁS QUERREMOS QUE LO VIVA EN NOSOTROS Y MÁS PODRÁ ÉL VIVIRLO EN NOSOTROS, hasta la plenitud en la que Él lo vivió, por cuanto a criatura es posible.

Y para formar esta Vida Divina en nosotros se necesita una Maternidad Divina que la fecunde: la Santísima Virgen María, Madre divina de Jesús y Madre divina nuestra, la Cual con su misión y su oficio maternos la hará crecer y desarrollarse hasta su plenitud, hasta que seamos en verdad "imagen y semejanza del Verbo Encarnado".

Podemos decir que todo esto es el gran tema y el principal de estos escritos.

 

 

José Luis Acuña R.

México

* * *

La Sierva de Dios

LUISA PICCARRETA

Su vida

Nació el 23 de abril de 1865 en la pequeña ciudad de CORATO, en la provincia de Bari, al sur de Italia, ahí vivió siempre y ahí murió en olor de santidad el 4 de marzo de 1947.

Ochenta y dos años de vida, sesenta y cuatro de los cuales, sí, sesenta y cuatro, los pasó en la "celda más pequeña que haya habido en el mundo": su cama. Encima y alrededor de su cama una ligera estructura metálica de la cual por los cuatro costados pendían sendas cortinas que hacían de su cama un claustro de escasos dos metros cuadrados; espacio suficiente para ella y para su Amado: Jesús, que casi a diario la visitaba y la amaestraba para que ella modelara todo su interior a semejanza de Él. Y no sólo para Él, sino también había espacio para la Mamá la Santísima Virgen, a quien Luisa así llamaba, la que, con la misma finalidad de hacer de Luisa una copia perfecta del interior de Jesús y del de Ella, la visitaba también con frecuencia.

Luisa estuvo siempre bajo la potestad de la "Señora Obediencia", ante la que siempre se doblegó y sometió, y que desde el Obispo le venía por medio del Confesor en turno.

Nuestro Señor intervino para poner a Luisa definitivamente y sin dudas en su estado de víctima de reparación, para lo cual se sirvió de una epidemia de cólera que en 1886 cosechaba muchas víctimas en la región de Corato. Jesús le pidió que aceptara un estado de sufrimientos para poner fin a aquel flagelo, y habiendo aceptado Luisa, después de tres días de sufrimientos desapareció el cólera, que desde meses antes cundía.

Cuando ella tenía 21 años, su nuevo confesor, Don Michele de Benedictis, para conocer, probar y discernir su espíritu, le impuso por primera cosa que, si debía sufrir, debía primero pedirlo a la obediencia.

Un año después, Jesús le pidió ofrecerse a sufrir, pero no ya a intervalos, como en el pasado, sino de modo continuo, y todo para reparar a la Divina Justicia, demasiado airada, y evitar a los hombres tantos castigos que cada vez más merecían y que estaban a punto de llover. Luisa hizo saber estos deseos de Jesús al Confesor y le pidió que le diera la obediencia, pues debía sufrir "por un cierto tiempo" que ella pensaba fueran cuarenta días; el Confesor asintió y Luisa quedó así definitivamente en cama desde los 22 años, en el otoño de 1887. Y aún debió vivir por otros 60 años, sí, 60, en su "celda", pues la obediencia le venía renovada, y los vivió así sin haber estado NUNCA enferma de nada y sin que jamás presentara llaga alguna debido a su estado.

Se inició, entonces, una nueva cadena de gracias singulares. Jesús se hacía ver frecuentísimamente, disponiéndola a los "Desposorios Místicos" y llevándola a una perfecta conformidad con la Voluntad de Dios. Jesús continuó preparándola para otros desposorios, los "Desposorios de la Cruz", y, una mañana, mostrándose crucificado, le comunicó los dolorosísimos estigmas de su Pasión, pero, consintiendo a los deseos de Luisa de dejárselos invisibles, ninguna señal externa le dejó. Desde entonces le era renovada por Jesús mismo la crucifixión. Luisa, que se veía consumir por una hambre insaciable de sufrir, años más tarde debió aprender que todo, voluntad de sufrir y aun el deseo de ver sensiblemente a Jesús, todo debía morir en la Divina Voluntad.

Muerto este Confesor, uno nuevo, Don Gennaro di Gennaro, en 1899, la tomó a su cuidado y así fue durante 24 años. Y por primera cosa le dio la obediencia, dolorisísima para ella, de escribir todo lo que había sucedido, desde el inicio, entre Jesús y ella, y empezó a escribir en febrero de 1899.

Jesús continuó enseñándola y preparándola a su excelsa misión, a la máxima gracia y a un "estado superior": Vivir en y de la Divina Voluntad. En 1900 le habla por primera vez de esto y da a ella por primera esta Gracia de las gracias y la constituye como la Pequeña Hija de la Divina Voluntad, iniciando así con ella, en el silencio y en lo escondido, la nueva era de Gracia, el verdadero REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD EN LA TIERRA, el cumplimiento del Pater Noster: Fiat Voluntas Tua sicut in Cœlo et in terra. Hágase Tu Voluntad como en el Cielo en la tierra.

Luisa escribió, a partir de entonces, 36 volúmenes acerca de esta doctrina del vivir en la Divina Voluntad, y otros escritos, entre los cuales: "Las Horas de la Pasión", de las que se publicaron cuatro ediciones, en 1915, 1917 y 1921, y "La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad", de la que se publicaron 3 ediciones, en 1932, 1933 y 1937. Todas con "Nihil Obstat" e "Imprimatur". La obediencia de escribir cesó y el último capítulo del Vol. 36 lo escribió el 28 de diciembre de 1938.

El P. Gennaro murió en 1922 y lo sucedió el Can. D. Francesco De Benedictis, quien murió 4 años después, en 1926. Y, por último, fue nombrado Confesor por el Arzobispo el Can. D. Benedetto Calvi, quien atendió a Luisa hasta la muerte de ella.

Finalmente, el 4 de marzo de 1947, a las 6 de la mañana, murió, después de una breve pero intensa pulmonía. Después de 4 días de veneración pública de sus restos, tuvo su primera apoteosis: sus triunfales funerales, en los que participaron innumerables personajes de la Iglesia local de Trani, diócesis a la que pertenece Corato, así como de otras partes, según se puede constatar en algunas fotografías de la época. Actualmente sus restos mortales reposan, con autorización de la Iglesia, en el interior del templo parroquial de Corato.

¿Cómo se desarrollaba un día cualquiera de la vida de Luisa? Su último confesor, Don Benedetto Calvi, ha dejado este testimonio:

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