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El Movimiento de Cursillos cuando NO se desvirtúa, es un espacio y un instrumento para que los hombres se encuentren consigo mismos, se den cuenta que existen, y de que existen también los demás, y se acerquen a ellos con ilusión, y mutuamente se comuniquen, se escuchen, dialoguen, se conozcan, se comprendan, se valoren, se respeten, y vayan aprendiendo a amarse; al mismo tiempo que el Cursillo va logrando esto de manera normal y natural, les ofrece también los medios concretos para que el encuentro se vaya transformando en amistad. Esto es lo que el Movimiento de Cursillos puede ofrecer al hombre de hoy y que por ello descubra que su vida tiene sentido. El nudo de la cuestión está en que entendamos de una vez por todas, que nos demos cuenta, no los demás, sino nosotros, que por más que el mundo cambie, el hombre siempre es el mismo y siempre será la misma la solución. Lo único que podemos contagiar es la fe que tenemos de que Cristo nos ama. Si no la tenemos, no podemos fermentar nada, ni actitudes, ni ambientes, ni estructuras, en lugar de fermentar, fomentaremos, como casi siempre y seguiremos criticado indefinidamente a los que llamamos malos, inventariando sus maldades, y lamentándonos de cómo está el mundo. Eduardo Bonnín.
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