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| 21-22 Agosto | ¡ alegría festiva ! |
¡ ya pasaron las fiestas de Santa Inés 2007 !
Santa Inés de este año 2006
Muchas gracias, Jennifer.Que otros sigan tu ejemplo.

fiestas santa Ines2006
FIESTAS del pasado año 2005


Santa Inés la vieja
Ambrozianus 08-02-07
Allá por el año 1946/47 Santa Inés se presentaba puntual el 21 de enero aunque cayeran rayos. Nuestros paisanos la celebraban con fruición, pero se preguntaban si no sería conveniente moverla un poco la peana, y de paso la fiesta, a fechas de mayor bonanza. El cambio afectaría enseguida a los tres ingredientes que acompañan a las fiestas: misa, mesa y diversión.
Ya se ha contado en otra parte que el tema se sometió a discusión y que democráticamente se ha ido pasando la fiesta a diversas fechas estivales. Los vecinos “puristas” (pocos) sostenían que cada día del calendario tiene su don -su santo patrón-, fijado por la Iglesia desde siempre, no sujeto a veleidades hedonistas. La mayoría optó por lo que es más común en tema de fiestas: el buen tiempo. Todo el mundo hace lo mismo.
Poco puede decir del baile que se organizaba quien con 9 ó 10 años apenas si sabía interpretar aquel apretujarse los unos contra las otras, o aquel navegar como en apacible regata, al son del Danubio azul, en las eras o en el local del tío Teótimo, en caso de mal tiempo. El espectáculo de las eras tenía algo de cuadro impresionista o de Pradera de San Isidro con los charutos aupados a un carro bien calzado y con un trillo por plataforma, dándole caña al imprescindible acordeón, a la trompeta, al tamboril y al bombo; todo ello entre dos o tres músicos.
El día comenzaba con la alborada: una especie de pasacalles a base de “El gato Montés” por la avenida central, mientras las calles trasversales eran cruzadas, como por centellas, por los chuchos asustados con los cohetes y los chavales nalgueábamos lo nuestro buscando por los prados, las eras y las huertas la caída de las varas como trofeos.
La misa tenía un relieve especial, pues era de las que nuestros padres llamaban “de tres en ringle”. La celebraban tres sacerdotes revestidos con las dalmáticas y ternos de rigor. El monaguillo pasaba a ser un don nadie aquel día. El incensario remedaba el botafumeiro santiagués y las campanas eran volteadas sin piedad por los mozos. El cantor oficial desgranaba en el coro todo el repertorio que la liturgia del día consagra a Santa Inés. Mérito tenía el hombre al atreverse con aquellos neumas sin perderse un “gorgorito” o retornelo del Introito, y con toda la misa de Angelis sin enredarse en los Kyries.
Pero lo más curioso era la consagración: frente al silencio sepulcral reclamado por la campanilla del monaguillo, los músicos atacaban, justo en el momento de alzar, la marcha real con el Oriamendi incluído y empleándose a gusto; eso sí: existía esta otra letra alternativa que, aprendida en la escuela, la tarareaban en sus adentros nuestros paisanos:
“La Virgen María / es nuestra protectora, / nuestra defensora, / a nada hay que temer...”
Mirado con ojos de hoy el hecho sería entendido en clave política, pero en aquellos tiempos sólo era algo simpático e inocente: al momento álgido del rito le ponían nuestros paisanos el himno por excelencia, el nacional, con una letra religiosa. Eso era todo.
También en la mesa influía la bonanza o el frío del día. Cuando éste apretaba hasta el punto de clavar a anfitriones e invitados en la mesa, el consumo de carnes y bebidas se disparaba: había que ver las idas y venidas a la hornera y el trasiego de asadores rebosantes de viandas. Para nada servía la coplilla de pastores que ponía a las ovejas en extrema delgadez en estas fechas. Rezaba así:
Enero las quita el sebo, / febrero las descoyunta, / ellas en abril se mueren / y a marzo le echan la culpa.
Si las ovejas hablaran, dirían cosas como éstas: “Estos de Villambroz se van a comer este año hasta el cordero de Santa Inés...”, “...se mueren por nuestros cuartos traseros y por nuestros costillares, les da igual lo de la copla...” Y era verdad. A falta de entretenimiento y diversión, los invitados se hacían huéspedes sin hacerse mucho de rogar y la pagaban el anís escarchado, el aguardiente y los asados.
Pero los niños disfrutábamos las fiestas sin condicionamientos climáticos. Bien es verdad que con mal tiempo debíamos aplicarnos a los dulces de fabricación casera: rosquillas de palo, sequillos, mariquitas, mantecadas, medias lunas, corazones, etc.; y renunciar al regateo con los vendedores de golosinas que nos recordaban sin cesar lo de "los mocos en las almendras" y trataban de proteger sus sacos de nueces y de avellanas, que empezaban a mostrar agujeros sospechosos.
Con la perspectiva del tiempo y vistos los cambios de fecha de la fiesta de Santa Inés, cobra sentido la discusión democrática de hace medio siglo y el que sea determinante la presencia de los de fuera. ¿Se ha encontrado la buna solución?; no está mal, en todo caso, aquello de que "cada día tiene su santo y su don"
Fiestas de Santa Inés