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Baldomero Torre y Sus Cuchillos Afilados

por JOSELILLO'00

 

No puedo evitarlo, me revienta ver la reverencia con que radio, prensa y televisión tratan a los grupos sevillanos de los años 70: artículos en prensa, homenajes, reediciones, libros, documentales... frente al ninguneo (o la burla expresa, en el peor de los casos) que se reservan para las bandas que se patearon los garitos de la ciudad en los años 80. ¿Julio Matito? Anda y que se joda, a mí traedme al Dogo. ¿Triana? Un laxante de efecto garantizado, que le vayan dando fuerte y flojo a todos los suyos y, ya que estamos, dale la vuelta al disco de Baldomero Torre y pon otra vez la cara A...


A inicios de los años 80 en los pasillos del INB San Isidoro, allí es donde arrancó todo. De una u otra forma, allí coincidieron Jesús Campos, Luis Almagro, Pedro Cruz y Tomás Alvarez, y allí se dieron cuenta de que había vida más allá de las célebres Fiestas Mayores de Sevilla. En algún momento de 1982, se propusieron montar un grupo y acabaron todos ensayando con las guitarras "de palo" (salvo la de Tomás, que iba ampificada a un ampli de 15W ó así). De hecho, cuentan que actuaron en una fiesta de cumpleaños como "Los Tropicales", con canciones como "Celentano on the Rocks". Poco después, sus caminos se bifurcarían y marcharían en paralelo. Pedro y Tomás formaron Los Picapiedra junto a Javier Alés. Luis y Jesús...bueno, formaron otra cosa.


Luis se había lanzado ya desde antes del Instituto a la piscina musical, tocando el bajo (un rudimentario Isanda regalo de Reyes) en un grupo jevilón denominado "La Cobra". De aquella aventura se traería a un prodigioso guitarrista llamado Jorge Reyes para, junto a Luis y Jesús, dar forma a algún proyecto con un estilo más "rockero puro de oliva" (no en vano Luis y Jesús compartían devoción Silviana). El primer intento tuvo lugar junto a un chico al que, francamente, le ponía más el mundo del motor que el de la música. Con todo y eso, aunque su paso por la música fuera efímero, su nombre, Baldomero (de la) Torre, iría ya ligado de por vida a la carrera musical de Luis, Jesús y Jorge. De hecho, la primera idea de Baldomero era la de figurar como cantante en un grupo que se llamaría "La Benemerita Blues Band". Jesús y Luis lo tenian claro: el nombre del grupo tenía que ser "BALDOMERO TORRE Y SUS CUCHILLOS AFILADOS". La cruz de aquella decisión fue, sin duda, todas las veces que durante los siguientes años, tuvieron que escuchar la misma pregunta: "¿Quien de ustedes es Baldomero?".


Allá por abril de 1985 ya tenían un repertorio mínimo ("La Diligencia", "Ven a por mí", "Padre Simón"), un nombre que se pegaba al oído e incluso un local intermitente (una nave del PCA, gracias a los contactos familiares de Jesús), pero no tenían un batería. Su cercanía a Los Picapiedra (después de todo, seguían siendo compañeros de cerveceo diario en la zona de la Alfalfa) les proporciona la posibilidad de compartir con ellos a Carlos Núñez, músico de notable técnica y una inhabitual disciplina que, llegado desde Avila, se incorporó a los Picas a inicios de año. Con Carlos grabaron su primera maqueta en Estudios Sonotone pero, típico, en el último momento se rajaron respecto al nombre (después de todo, Baldomero no llegó a ser miembro del grupo) y se pusieron el horroroso apelativo de "RICKY ROCKA", con reminiscencias de Rocadura y serie de dibujos animados. Con ese nombre debutaron en abril en el solar de la Alameda (el mismo donde luego fue un cine de verano y ahora están terminando una comisaría) y en mayo en el "I Festival de la Canción Femenina", lo que les sirvió para ingresar, al igual que los Picas, en el cuadro de artistas de Factoría, lo que les posibilitó compartir cartel varias veces tanto con Silvio como con Dogo y Los Mercenarios, en los habituales "Rocanrol Festival" que tenían lugar en el Roll Dancing de la calle Calatrava.


Entre agosto del 85 y febrero del 86 el grupo (Jesús, gt y voz; Luis, bajo y voz; Jorge, gt; Carlos, bt) sufre el parón derivado de la incorporación a filas de Jesús y Jorge. Luis aprovecha para unirse de corista a los Picapiedras y visita con ellos el Festival Alcazaba. En Navidad, los Ricky Rocka consiguen pasar el suficiente tiempo juntos como para preparar el Rocanrol Festival de ese año. En Febrero (o tal vez marzo) del 86, con el relajamiento de los últimos meses, Jesús y Luis retoman el control. Lo primero, restaurar el nombre de "BALDOMERO TORRE Y SUS CUCHILLOS AFILADOS".

Lo segundo, una maqueta superproducida (frente a la improvisación de la primera) en los Estudios Io, con Sitín y Manito a los controles. Lo tercero, retomar el circuito de actuaciones. Su primera actuación como BT y sus CA fue, allá por marzo o abril del 86, en un bar de Triana - Los Remedios ("Ukelele") y a ella pertenece la foto que se adjunta. El resto de los años 86 y 87 pasó entre muchos ensayos y memorables conciertos que se iban expandiendo por toda la provincia y el triángulo Sevilla - Cádiz - Huelva, público habitual de los grupos de Factoría.

En el verano de 1987, sin romper ataduras con Factoría, se montan junto a Picapiedras, y con la ayuda de los hermanos de Jesús, su propia oficina ("El Ruedo management") en los bajos de una casa de lenocinio situada en la misma Alameda, que también les sirve como local de ensayo. Allí, entre putas y colegas, montan las canciones de lo que sería, en 1988, su primer vinilo, un mini lp publicado en el subsello "Mano Negra", perteneciente a Senador, especializada hasta entonces en "viva-Triana-y-Sevilla".


El disco, con deliciosa portada de Rafa Iglesias, es un ejercicio de rocanrol primerizo, donde los chicos no tienen inconveniente en mostrar un curioso lado infantil ("Jugando con mi osito / Todo me da igual / Que se vayan con sus motos y sus chicas ye-yé / yo prefiero ir a jugar") cuando no directamente ingenuo ("Amor Pistolero", una extraña colaboración con letra de Pedro Rivera, por entonces letrista de Lole y Manuel). Otras veces, como en "Imaginaria", Jesús nos aflora sus recuerdos de sus meses de Todo por la Patria ("en bang bang city no hay ni un buen sitio para poder charlar / en bang bang city no hay ni una noche cerca de tí / no me gusta nada estar aquí") y Luis muestra su lado más chulo en "60-90-60". Con todo, su canción más madura y perdurable resulta "Voy siempre contigo", con sabor a Burning ("quiero una guitarra nueva del color de tus labios"). Por aquí y allá, solos vertiginosos de guitarra a babor y estribor cortesía de Jorge, mientras que Carlos Núñez lleva con precisión la sala de máquinas. Pese a lo que prometía ser un buen lanzamiento, con dos o tres presentaciones del disco (Roll Dancing, Sal de Sevilla, La Cita), Senador fue fiel a su tradición y puso al disco en el mismo mercado que El Pali o Ecos de las Marismas, con los previsibles resultados, por lo que BT y SCA pagaron la novatada. Un año después, cuando Silvio y Sacramento y, especialmente, No Me Pises Que Llevo Chanclas llegaron al número uno en todas partes, la casa de discos había aprendido algo sobre cómo promocionar un disco de rock, pero para entonces el grupo había puesto rumbo al Sur.


A Utrera, exactamente, donde, vaya usted a saber por qué, ficharon por una casa de discos indocumentada, FODS Records que, al menos, les permitió en 1989 sacar exactamente el disco que ellos querían y que, 16 años después, sigue siendo uno de los mejores ejercicios de rock publicados en este país. Quién sabe adonde, con una casa de discos más entregada (como le ocurría en aquel entonces, por comparación, a Los Amos del Mundo, con Zafiro) y una portada decente, hubieran podido llegar. Incluso el nombre de su segundo disco, "Sin un Duro", les traicionaba. Recuerdo haberle enseñado personalmente el disco a Silvio en la oficina de Factoría y su comentario consiguiente:

"Cristo, que pasa por ser uno de los tíos más justos que ha habido en este mundo, dejó dicho que 'al que tiene, se le dará, y al que no tiene, se le quitará'. Pos fíjate estos que dicen que están 'sin un duro'..."


Pero la música...ah, la música. Con la producción de Juanjo Pizarro, amigo, Mercenario y compañero de batallas, el sonido se hizo adulto de repente. Lejos quedaron los ositos de peluches y amores pistoleros, bienvenido El Pirata y el Amor de la Calle, que contaba aquí con su propia canción ("La Calle del Amor"). Precisamente, el Amor de la Calle, el bar que regentaban Luis y Agustín (entonces su "roadmanager") y sus parroquianos están en el origen de muchas de estas canciones: "Juan Brevas", "No Puede Ser", "Tratando de Olvidar", "Bebo Demasiao" y, por supuesto, la historia de aquella Susi de carne y hueso que "no tiene con quién bailar". Frente a las guitarritas puntiagudas del primer disco, las cuerdas toman cuerpo, los amplis rugen y los zarpazos arañan la piel. Incluso postulan su declaración de principios que no es, como alguno quería ver, aquella absurda frase de "si bebes leche no pretendas ser un cuchillo afilado", sino el giro americanizado de "caballero, tira p'alante / no seas conejo andante / y bébete la vida / a cada buche que das". Aparecen curiosos compañeros de viaje como Pedro Cruz, que junto con Jesús Campos firma (como "Cruz Campo") aquella bendita frase que decía "Esta noche hay baile en la plaza / seré el Rey subido a las tablas / me envidiaran / y bailarán a mi son". Y, más que nadie, la inesperada presencia de otro amiguete de la familia Campos, José María López San Feliu, aka Kiko Veneno, quien contribuye con algunas perlas a "Te Quiero" ("Te quiero / llevar a un campo / tú y yo solos / y un barranco / y de testigo una flor / la pisaré sin querer / y me dirá ¡ay! con su voz / y recordaré que te quiero / y cómo me llamo yo"). Los malos momentos de la vida también aparecen con la ironía necesaria ("le digo al camarero / pongame otra cerveza / insisto, camarero / yo no tengo dinero ni ná") para que uno se atreva a sonreir. Respecto al trabajo de Jorge Reyes, recubre el disco de solos, riffs, adornos, contrapuntos y, en general (como no podía ser de otra forma con Juanjo Pizarro), de un espíritu rockero que aún hoy deja boquiabierto. Mención especial a Carlos Núñez, quien, como el profesional que es, deja un trabajo perfecto y discreto, ni más ni menos que lo que se espera de un batería competente.


La profecía de Silvio se cumplió. Terminado el disco (grabado en Sevilla, mezclado en Londres, donde Luis y Jesús sobevivieron a duras penas a la aventura de cruzar las calles mirando siempre hacia el lado contrario a aquel por el que venían los coches) su carrera comercial fue nula: directamente a las rebajas, en una época en la que los discos de vinilo ya desaparecían sustituídos por los CDs. Y la banda, como si ya hubiesen volcado su alma y agotado todo lo que tenían que decir (y, oyendo el disco, posiblemente sea cierto), empezó a zozobrar. Entre otras cosas, los componentes empezaban a llevar su propia vida: Jesús como profesor de música y algunas apariciones esporádicas (el Trío Ciclón, junto a Pedro Cruz y Jerónimo Iglesias), Carlos como dependiente de una tienda de música, Jorge como prestigioso músico de sesión y técnico de grabación y Luis, tras la barra del Amor de la Calle e intentandolo con ganas pero sin éxito, primero en "La Sombra" (junto a Paco Alejo, ex-Amos del Mundo, grabando un disco que luego no llegó a salir), con Radio Stones y finalmente con Dogo, con quien grabó en 1996 una curiosa maqueta en la que tambien participó Juanjo Pizarro. La sequía de actuaciones que arrasó la escena musical sevillana en los años 90 no eran el mejor clima para seguir contra viento y marea y, además, sus bandas amigas y hermanas estaban también separandose o agotándose: Silvio y Sacramento, Los Mercenarios, Los Picapiedras (quienes, en sus últimos meses, echaron a Carlos Núñez de mala forma y sin disculpas).

Llegaba la década del Señor Chinarro (otro genio a quien no se le reconoce como debería, pero esa es otra historia...) 

JOSELILLO, (2005)

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