Cristock 2003 Según Aner
| Santiago logra asfixiar en verano, y esos días no eran la excepción, pero las ansias por ver la nueva versión del festival más importante del rock en Chile nos reunieron en la Plaza de Maipú, un número importante de especimenes esperaban la micro que nos llevaría al Parque Intercomunal, en donde se habían instalado ya, dos escenarios y un grupo mucho mayor pero con las mismas características de quienes esperábamos en la plaza. Arriba del bus, era casi imposible respirar, los espacios entre cada cuerpo sirvieron para poner carpas, sacos de dormir y mochilas... sin saber por dónde íbamos, de pronto se acabó la ciudad, parecíamos prisioneros siendo trasladados a algún campo de concentración. El sentimiento no cambió mucho cuando nos dejaron al comienzo de un camino de tierra y sin luz, pero la música se podía oler...
"Hagan una fila los que vienen de Antofagasta", y ahí estábamos, absolutamente ordenados sin saber qué hacer, "vayan para allá", "no, pónganse por acá", la culebra humana obedecía sin chistar, bueno después de todo entraríamos gratis. Una vez adentro fue imposible mantener el mismo orden aún cuando nos recibieron en una carpa especial, pero luego de eso hubo a quienes sólo volvimos a ver al día siguiente, porque en ese parque de proporciones descomunales era imposible no perderse...
La música simultáneamente expelía sus sonidos desde dos escenarios, lo que lógicamente dividía al público y hacía a los periodistas transitar a través de todo el recinto con tal de obtener ambas caras de la noticia. Había Carabineros por todos lados pero debido a lo pacífico del evento, sólo cumplieron un rol ornamental.
Nosotros, algo nerviosos nos preparábamos para observar el festival desde el escenario; nos llamaron, oraron con nosotros, subimos, bajón: no hay caja para la batería, ni platos ni silla... la amabilidad de algunas bandas nos dejaron en espera por largos minutos. Andrés (Cefasfunk) llegó con la caja, los platos aún no y mi nerviosismos se acrecentaba... ok, estamos listos y venimos de Antofagasta... supongo que es extraño observar una banda de afuera, para nosotros también era raro estar ahí, aunque fuera la segunda vez...
Una vez abajo las evaluaciones se deben hacer más tarde, ahora era necesario disfrutar el festival sólo como espectador...
Barro, lograba provocar la necesidad de moverse frenéticamente pero siendo, a la vez, ministrado por esas letras que parecían venir de la propia Biblia... no se, es difícil que me acuerde de todas las bandas, lo estímulos eran muchos, pero se hacía esencial escuchar también a Redentor, que con la brutalidad de su música y sus disfraces lograron emocionar a cualquiera con su manifiesto en contra del aborto: Desde el Vientre... la música seguía sonando, mientras no parabas de saludar gente, mirar, comer, etc. El cansancio no me dejó otra opción que ponerme tapones en los oídos hasta el amanecer...
Un devocional que tenía a metaleros, punk, estilos varios, y a quien fuese, de rodillas, dio inicio a la segunda jornada. Marcada por el sol y las presentaciones notables de Perro Atropellao’ y KontraKorriente, en la carpa de arte era posible hallar exposiciones fotográficas, lectura de poesía, un monologo, y cortes por luka que una fisicoculturista podía realizar. Al lado, hubo gente orando todo el tiempo... más tarde mientras Ancatrío desinfló un show, hasta el momento notable, pero que decidió terminar con una canción en la cual se podía corear (por el parecido) la versión original de Los Jaivas, las charlas acerca de discusión comenzaban a tomar forma entre ambos escenarios. Impecables cada una de las exposiciones: "Psicología y Sanidad Interior" más "Sexo y Jóvenes" lograron una asistencia que dejaba poco aire en el ambiente, mientras de fondo se escuchaban los Perniles, que definitivamente no suenan cómo hace algunos años... Las conversaciones, ahora acerca de la evolución, siguieron, Chapulines nuevamente encendió el motor en la gente y Cefasfunk, a pesar de todos los intentos por lograr que el sonidista entendieran lo que pedían, lograron que el público bailara al son del funk y así despedir de la mejor manera, al bajista que por cinco años fue parte de la banada... (con todo lo que eso significa).
Las guitarras continuaban, pero el cansancio me acusaba nuevamente, y no sólo a mí... "dónde nos vamos" , me preguntan los de Antofa... bueno supongo que el corazón de mis viejos pa recibir a 17 personas para que pasen la noche es bastante grande.
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