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Gijón, una villa versátil

En pleno centro de la Cornisa Cantábrica, como balcón colmado de una asturianía de profunda raigambre, aparece la villa de Gijón, intensa en su actividad turística, industrial y comercial y promontorio futbolístico por excelencia a través del Real Sporting.

Real, porque el Rey D. Alfonso XIII accedió en agosto en 1912 a convertirse en su presidente de honor; Sporting, porque con este nombre se fundó el club a principios de siglo, en una época en la que los jugadores se llamaban sportman, y de Gijón, porque el equipo nació como parte de la propia villa, comprometido a llevar su nombre por todos los rincones de la Tierra.

Con sus aproximadamente 300.000 habitantes, Gijón abre sus brazos cosmopolitas al resto de Asturias, en una sólida relación de correspondida sensibilidad. Situada a 427 kilómetros de la frontera francesa por Irún, 323 de La Coruña y 474 de Madrid, su marchamo turístico se convierte en un muy principal blasón.

Gijón disfruta de un excepcional clima, que permite sentir el verano través de sus playas, de las que tres están en plena urbe y seis más en los alrededores del propio concejo. Playas de fina y dorada arena, a las que acuden a dormir las olas, que recuerdan con su espuma blanca que estamos a orillas del Cantábrico.

El invierno huye de temperaturas gélidas y dedica sus días a multiplicar el verdor de los infinitos prados que rodean la villa, donde emergen rincones en los que parece haberse detenido el tiempo. Al paso de las estaciones, la primavera y el otoño se convierten en camafeos que albergan mil matices en continuo romance con la naturaleza.


Gijón, mosaico de sensaciones

El Sporting tomó sus colores rojiblancos de la capitalidad marítima que ostenta la villa. Precisamente la mar esculpe buena parte de la personalidad gijonesa con su puerto exterior de El Musel, industrial y carbonero, abierto siempre a dar salida a su raíz metalúrgica, que comparte nómina con la construcción naval, las fábricas de conserva, de tabaco o los múltiples productos que ofrece siempre generosa su huerta y ganadería.

Sería injusto dejar en el olvido la pesca, herencia del melancólico barrio de Cimadevilla, que mantiene a sus pies el antiguo muelle de Oriente, ahora convertido en moderno y multicolor puerto deportivo, escala obligada del Arco Atlántico.


Una ciudad bulliciosa y hospitalaria


La historia da cuenta de los primeros asentamientos astures en el siglo quinto antes de Cristo, de los que existe constatación arqueológica en la Campa de Torres, precisamente uno de los mejores miradores del entorno gijonés. Las termas romanas, en uno de los extremos de la bahía de la playa de San Lorenzo, se encargan de recordar el carácter turístico que históricamente siempre acompañó a Gijón.

A los gijoneses les gusta caminar por su costa. Por sus parques naturales: por La Providencia, por el Muro de San Lorenzo o por el cerro de Santa Catalina, que corona el Elogio del Horizonte. Allí está la divisoria de la ribera gijonesa, a cuya espalda del barrio viejo se levanta el Palacio de Revillagigedo, joya de la arquitectura civil del siglo XVIII. De guardar sus piedras pulidas por los años se encarga con la mirada la estatua erigida a Don Pelayo; el mismo que huyó de Gijón ante la amenaza del moro Munuza para alcanzar las montañas de Covadonga y escribir al abrigo de la Santina la epopeya de España.

La de los tiempos modernos salió de la pluma del prócer local Melchor Gaspar de Jovellanos, un adelantado a su tiempo, quien ya hace dos siglos escribió del deporte y su importancia en la formación de la juventud. A los pies de la estatua que le fue erigida se extiende una ciudad bulliciosa, que destaca como pocas por sus comercios. Las tiendas se suceden una tras otras por sus calles, que superan los 160 kilómetros de recorrido. La calidad del comercio gijonés admite pocas comparaciones.


La buena mesa asturiana


Uno de los aspectos de los que más presumen los asturianos, raza hospitalaria por excelencia, es de su cocina. A la popular fabada se suman los refinados pescados y mariscos del Cantábrico, y las carnes, reconocidas como las de mejor calidad del país, o la caza o la pesca, con el salmón como rey de sus ríos. La carta de postres es tan extensa como deliciosa. Desde el arroz con leche hasta las ´casadielles´, pasando por sorprendentes tartas. Su carta de quesos es la más extensa que puede encontrarse en España, con variedades de reconocido prestigio internacional como Cabrales, Gamonedo o´Afuega'l pitu´. La bebida por excelencia de Asturias es la sidra, que se fabrica en lagares, donde también suele degustarse en ´espichas´.

Los ´chigres´, que son los bares donde se bebe, se convierten en foros futbolísticos en los que nadie deja de opinar en animadas tertulias. En las paredes de estos locales es habitual ver los colores del Sporting. Casi un centenar de chigres albergan por toda Asturias otras tantas peñas del equipo rojiblanco, que llegan hasta casi las 200 repartidas incluso por países como Bélgica o Venezuela.


Arte y deporte


Gijón se convierte en un vergel a través de su entorno rural y de sus jardines y parques. El Museo de Evaristo Valle, en el barrio residencial de Somió, ofrece una extraordinaria variedad de árboles al cobijo de un hermoso palacete, que encuentra símiles a su alrededor. Las carbayeras y los bosques asturianos acogen a su vez los recuerdos de una fecunda mitología que se puebla de xanas, trasgos y cuélebres. Gijón acoge varios museos de arte, como el Jovellanos y el Barjola, además de otros, casos de e del Ferrocarril y el de la Gaita, además del Museo Etnográfico del Pueblo de Asturias.

También el propio Sporting puede presumir de una extraordinaria pinacoteca, en la que los motivos rojiblancos y futbolísticos se repiten a través de diversas expresiones artísticas. Casi medio centenar de los más relevantes artistas españoles contemporáneos están representados en esta gran muestra.

Con su carismático Teatro Jovellanos al frente, Gijón es ciudad de museos, de música y letras. De cultura que despierta al mundo universitario con un moderno campus. En pocos lugares se hace tan válida la máxima . Pocas ciudades saben conjugar con tanta perfección estos dos aspectos sobre los que se sustenta la base formativa del nuevo siglo. La oferta deportiva gijonesa encuentra difícil comparación, con funcionales instalaciones municipales y clubes dedicados especialmente al tenis (Club de Tenis), la hípica (Club Hípico Astur), vela (Real Club Astur de Regatas), natación (Club Natación Santa Olaya), golf (Real Club de Golf de Castiello y Club de Golf de La Llorea y del Tragamón)..., en un concepto que alcanza cotas multidisciplinares a través de la polideportiva sociedad Real Grupo de Cultura Covadonga.

La red de instalaciones que con carácter municipal se reparten por todos los barrios de la villa ha merecido también los más encendidos elogios y los más importantes reconocimientos.


Un paseo hasta la solera del fútbol


El parque de Isabel la Católica se muestra espléndido. Situado a la vera del río Piles, se ha convertido en la antesala de El Molinón: el gran coliseo de la solera del fútbol español. Acceder al campo gijonés es muy fácil. La autopista termina en sus aparcamientos y a través de ella se multiplica el devenir de los aficionados en días de partido. Llegan desde todos los puntos de la geografía asturiana.

Pero a El Molinón hay que llegar paseando. Hay que tomar un café en sus aledaños mientras se habla de la alineación prevista, de igual manera que la vuelta bien merece hacer escala en algún ´chigre´ para acompañar con una buena botella de sidra la conversación sobre lo que fue el partido.

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