¡TODA PURA ERES MARÍA!
ESTATUTOS DE LA RAMA LAICAL CONCEPCIONISTAS DE SANTA BEATRIZ DE SILVA
CAPÍTULO I
SIGNIFICADO - ORIGEN & FORMA DE VIDA DE LOS LAICOS CONCEPCIONISTAS EN LA IGLESIA
1.- La rama laical de concepcionistas es una asociación de laicos que realizan su consagración bautismal inspirados por el Espíritu Santo, viven los valores espirituales de Santa Beatriz de Silva, participan del espíritu Concepcionista y centrados en el amor de Dios y de la Inmaculada Concepción, se dedican a propagar la pureza de Jesús y de su madre bendita en todos sus hermanos, en especial los niños y los jóvenes, mediante sus palabras y testimonios.
CAPÍTULO VI
PROMESAS
22.- Al igual que los Votos religiosos, los laicos como servidores de Dios y de su Purísima Madre, llevan una vida de santidad dentro de la Iglesia, consagrando su vida a Dios por medio de sus promesas que le hacen a Dios sumamente amado. Hacen las promesas de: Fidelidad, Pobreza y Obediencia por medio de su consagración a Dios.
23.- Todo laico Concepcionista debe prometer fidelidad, pobreza y obediencia. Tendrá su santa misa, escribirá y firmará su compromiso con la siguiente fórmula: Yo… a ejemplo y honra de María Inmaculada y de nuestra santa madre Beatriz de Silva, libre y voluntariamente me entrego a Dios con todo mi ser y me comprometo a servir a Cristo según la forma del Evangelio y de los Estatutos y ayudar a propagar la pureza de María, en todos mis hermanos, en especial en los niños y jóvenes. En presencia de Dios y del sacerdote que preside y de todos mis hermanos aquí reunidos prometo ante Dios, vivir en fidelidad, pobreza y obediencia según los Estatutos de la rama laical Concepcionista de santa Beatriz de Silva. Me entrego de todo corazón a la familia de esta Tercera Orden formando parte de la Orden de la Inmaculada Concepción, para que con la gracia del Espíritu Santo, la intercesión de la bienaventurada Virgen María, de nuestra santa madre Beatriz de Silva, de todos los ángeles y santos, con la ayuda de Dios, las oraciones de las hermanas Concepcionistas y de los hermanos de este movimiento, para así poder vivir la vida evangélica en el mundo, al servicio de Dios y de la Iglesia.
FIDELIDAD
De los casados: De común acuerdo los cónyuges prometen a Dios y a su Santísima Madre guardar fidelidad el uno al otro, no faltando de palabra, pensamiento ni obra; tomando como ejemplo a la Sagrada familia, siendo su hogar un modelo dando ejemplo con su vida a sus hijos induciéndolos hacia Dios.
De los solteros: Los que aspiran al matrimonio, durante el tiempo que permanezcan sin contraerlo, por amor a Jesús y a María, manténganse limpios de alma y cuerpo, para que cuando contraigan matrimonio, no importan las circunstancias por las que haya quedado célibes, de hoy en adelante tenga presente que la virginidad es un don precioso que Dios da a unos cuantos y por lo tanto debemos estar sumamente agradecidos, dice san Pablo: “Llevamos este tesoro en vasos quebradizos” (2 Cor. 4,7), que no debemos romper ni con presunción, vanidad, soberbia, porque es Dios el que lo da y en unión con su gracia lo conserva.
Viudos: Tengan por amor a Dios y a María Inmaculada y en recuerdo de su cónyuge presente su celibato, con fecundidad espiritual, corporal y llevando a sus hijos (si los tiene), por una vida de santidad a través de su ejemplo y consejos. Recuerde que la entrada a este movimiento verá a todos como hermanos suyos sin importar su educación y condición. En cuanto sea posible proporcione ayuda moral, espiritual y si se pudiera, económica. Siempre viendo el bienestar de sus almas. Tomando como ejemplo a María Inmaculada, que no despreciando a nadie nos adoptó como a hijos suyos.
25.- Pobreza: La pobreza evangélica es la participación en el anonadamiento de Cristo que siendo rico se hizo pobre por nosotros. La pobreza se alimenta de la contemplación de Cristo, en los hermanos del mundo entero y de María que practicó la humildad. Santa Beatriz menospreció el señorío de este mundo reputando como la mayor riqueza conformándose con la pobreza que para sí, escogieron nuestro Señor y su Madre Santísima. El laico Concepcionista se compromete a llevar una vida pobre de espíritu, sin apegarse a las cosas materiales. Comparte, si es posible con sus hermanos y demás personas los bienes que ha recibido de Dios, testimoniando así el espíritu de comunión que los une. El laico lleve su pobreza según las necesidades de los tiempos, ayudando a los demás en el trabajo justo con bienes materiales: ropa y comida. Con bienes espirituales: Oraciones y consejos… Observando que a quien se le ayuda sea una persona que realmente lo necesite, buscando siempre su bien y no aumentar su vicio. Viendo siempre a Cristo en cada uno.
26.- Obediencia: Es la ofrenda total de la propia voluntad como sacrificio de sí mismo en el seguimiento de Cristo. De la obediencia de María, nace Cristo. De la obediencia de santa Beatriz de Silva, nace la Orden de la Inmaculada Concepción y de esta misma obediencia, nace la Tercera Orden de los laicos Concepcionistas. La obediencia evangélica se fundamenta en la fe y en el amor. Esta relación de amor, de confianza y de respeto hacia el prójimo a quien se considera una mediación de la voluntad de Dios, se obedece en Cristo. Por este mismo espíritu de amor, los laicos Concepcionistas se sirven y obedecen unos a otros como hermanos e hijos de un mismo Padre. Esta es la verdadera y santa obediencia de nuestro Señor Jesucristo. El laico somete por Dios su propia voluntad a su padre, madre, esposo (a), e hijos, descubriendo la voluntad de Dios en ellos. En virtud de esta promesa sagrada el laico está obligado a obedecer y a respetar al Sumo Pontífice como superior supremo de la Iglesia. Así mismo debe obedecer a su Obispo y al sacerdote de su parroquia, viendo a Cristo en ellos.